Durante años, aquel galpón construido en la década del 90 fue mucho más que un espacio oscuro al costado de la casa familiar, en las afueras de La Plata. Entre herramientas, repuestos, objetos viejos y las huellas de una vida de trabajo, guardaba también algunos de los recuerdos más preciados de Antonella Latini.
Allí, cuando tenía apenas 5 años, veía a su papá “Beto” levantar las paredes y el tinglado con sus propias manos para construir el lugar donde guardaría el camión con el que salía a vender tierra. Ella lo acompañaba, lo seguía de cerca y, a su manera, intentaba “ayudarlo”. Sin saberlo, estaba construyendo no solo uno de los recuerdos que conservaría para siempre, sino también su futuro hogar.

“Es uno de los recuerdos más lindos que me quedaron de él”, contó Antonella en diálogo con Infobae, hoy de 38 años, al rememorar su infancia y la tristeza de haberle dado el último adiós cuando tenía apenas 10 años.
Por eso, cuando casi tres décadas después imaginó la posibilidad de convertirlo en una vivienda, no pensó solamente en paredes, metros cuadrados o una obra por terminar: pensó en darle una nueva vida a un lugar que todavía la conectaba con él.
Desde que era adolescente, Antonella soñaba con vivir allí. Y el 15 de enero de 2023, ese deseo comenzó a hacerse realidad. Cada modificación significó también conservar algo de aquella historia familiar, transformar los recuerdos y convertir un espacio del pasado en el lugar donde hoy transcurre su presente junto a su esposo y sus dos hijos.

El lugar forma parte del terreno familiar donde ella nació y se crio. “Mi mamá sigue viviendo en la casa principal y en el mismo predio también viven mis otras dos hermanas: una ocupa lo que antiguamente era el quincho y la otra construyó su casa en el terreno lindero”, detalló sobre la especie de “barrio privado familiar” que idearon.
“Yo siempre quise el galpón”, explicó Antonella, quien a su vez aclaró que su elección no tuvo que ver con una oportunidad económica ni con la falta de otra alternativa. “Era exactamente el lugar que había imaginado para vivir desde chica”, admitió.

El deseo permaneció intacto mientras pasaban los años. A lo que se sumó su interés por la decoración y el diseño de interiores, dos pasiones que con el tiempo terminarían convirtiéndose en su actual profesión.
Antonella quedó embarazada, se casó, se fue a vivir a un departamento y en plena pandemia sintió la necesidad de reconectar con ese anhelo. El encierro la hizo mirar de otra manera el espacio que tenía disponible. Tener un lugar grande, con parque y rodeado de naturaleza, empezó a aparecer como una posibilidad concreta para arrancar con el proyecto.

“El estar tanto tiempo encerrada en un departamento me hizo sentir que había llegado el momento. Me agarró la locura y dije: ‘Ahí voy a estar con toda mi familia’. No tenía sentido seguir postergándolo”, remarcó.
La transformación del galpón en hogar
Vaciar el galón fue, por sí solo, un proyecto. Había ruedas, llantas, partes del camión de mi papá, ventiladores que ya no funcionaban, cuadros, películas VHS, una cinta caminadora y todo tipo de elementos que habían terminado allí con los años. “Nos llevó más o menos dos años vaciarlo. Fue una locura. No se podía caminar por dentro de la cantidad de cosas que había”, recordó. Algunas cosas fueron regaladas, otras vendidas y otras terminaron en la calle.
El galpón tenía aproximadamente catorce metros de largo por cinco de ancho y una altura de 4,70 metros. Originalmente contaba con una gran abertura por donde ingresaba el camión, una puerta y tres ventanas. Aunque las ventanas eran grandes, el tamaño del espacio hacía que el interior resultara muy oscuro.
La primera gran transformación fue abrir el lugar a la luz. Antonella decidió incorporar ventanas prácticamente por todos lados. En la fachada donde antes ingresaban los camiones se hicieron nuevas aberturas para iluminar los ambientes y se incorporaron ventanas para los dormitorios.
La elección de las aberturas también tuvo una característica particular. “Muchas fueron compradas en casas de demolición”, contó. Como el proyecto ya estaba pensado, Antonella buscaba piezas que se adaptaran al diseño que tenía en mente. Pero la disponibilidad de esos materiales también fue haciendo que la obra cambiara sobre la marcha.
“Encontraba una ventana que me gustaba, la incorporaba y modificaba parte del proyecto para adaptarla”, admitió Antonella, quien documentó la obra desde el día cero en su Instagram @antondiseno, donde tiene más de 42 mil seguidores.
“Uno de los elementos más llamativos de la fachada es un antiguo ventanal de medio punto que me fascinó. También reutilicé chapas antiguas que pertenecían a un galpón de su abuelo para fabricar el portón de entrada”, detalló.
De esa manera, la vivienda empezó a reunir distintas generaciones de la familia en sus materiales: el galpón del padre, las chapas del abuelo y los objetos antiguos que Antonella incorporó en el interior.
La distribución también fue pensada para aprovechar al máximo la altura del antiguo galpón. La vivienda tiene una planta baja con dormitorio, estudio, baño y un gran ambiente integrado de living, comedor y cocina. En la planta superior están las habitaciones de sus hijos y otro baño.
“Para acceder a esa planta hay un entrepiso liviano, construido con estructura metálica y piso de madera, que funciona como una especie de puente o pasillo de circulación. El piso de las habitaciones superiores, en cambio, fue realizado con una losa”, especificó.
Para llevar adelante esas modificaciones, Antonella trabajó con albañiles, pero también recurrió a un arquitecto y a ingenieros para resolver los cálculos y cuestiones estructurales. “Esta obra fue mutando con el tiempo. El diseño fue mío, pero las estructuras requirieron asesoramiento profesional”, indicó.
El techo original también representó un desafío: “Como se trataba de un tinglado de chapa, fue necesario trabajar sobre el aislamiento térmico y acústico. En el sector del living, comedor y cocina colocaron poliuretano expandido, una estructura de Durlock y placas de PVC símil madera. Además, algunas vigas reticuladas fueron revestidas con madera para que quedaran visibles”.
Tras dos años y medio de arduo trabajo, la obra también acumuló anécdotas que hoy forman parte de la historia familiar. Una de ellas ocurrió durante la construcción de la losa. “El albañil había llegado para trabajar, pero ese día faltaron todos sus ayudantes. En lugar de suspender la tarea, decidió continuar y se sumaron mi marido, mis hermanas y hasta mis hijos. Todos terminaron trabajando junto al albañil, cargando baldes y ayudando con el cemento”, recordó.
Aunque contrató trabajadores durante buena parte de la obra, ella también quiso participar. Tiró paredes, ayudó a colocar ventanas, pintó, levantó estructuras y aprendió sobre la marcha. “Hice muchas cosas a pulmón”, destacó.
Uno de los momentos más particulares llegó cuando Antonella tomó la decisión de mudarse antes de que la casa estuviera terminada. “La casa tenía muchos trabajos pendientes, pero preferí continuar con la obra desde adentro”, reconoció.
“Mi marido, que es profesor de educación física, siempre se sorprendió de cómo llevé adelante la obra. Me decía que era ‘dinamita’, por la energía que tenía y por la cantidad de cosas que hacía. Por sus horarios de trabajo no podía estar tanto como yo y venía a ayudar los fines de semana o cuando podía. Hoy está muy feliz viviendo acá, sobre todo por el parque y el cambio de calidad de vida”, enfatizó.
Aunque ya están instalados desde hace varios meses, todavía falta pintar algunos sectores, terminar el piso del living, comedor y cocina, resolver el revestimiento definitivo del piso y completar parte del mobiliario. También quedan trabajos de carpintería, iluminación y terminaciones.
“El piso actualmente tiene una carpeta y la idea original era colocar microcemento alisado, pero todavía no decidí si finalmente será esa la terminación elegida”, señaló.
La fachada, en cambio, ya tiene buena parte de su identidad definida: “Está revestida con chapa negra, tiene un alero también de chapa y un portón realizado con materiales antiguos provenientes del galpón de su abuelo”.
Una vez que termine el interior, el próximo objetivo estará afuera: quiere transformar el parque, plantar árboles y plantas y armar una huerta.
Pero Antonella no tiene apuro. Disfruta de avanzar de a poco, elegir cada detalle y ver cómo aquel viejo galpón cambia sin perder del todo las huellas de lo que alguna vez fue. Porque detrás de cada pared, cada abertura y cada rincón hay algo más que una decisión de diseño. Está la memoria de su infancia y el deseo de mantener vivo el vínculo con su papá a través de un espacio que ahora vuelve a tener una historia propia.



