
El fútbol atraviesa uno de los debates reglamentarios más importantes de los últimos años: ¿modificar el fuera de juego permitirá desarrollar un juego más ofensivo o terminará alterando el equilibrio táctico que caracteriza a este deporte? La denominada Ley Wenger, impulsada por Arsène Wenger, exentrenador del Arsenal y actual director de Desarrollo del Fútbol Mundial de la FIFA, nació con un objetivo concreto: reducir las decisiones milimétricas de fuera de juego, generar mayores oportunidades de gol y favorecer un espectáculo más dinámico. Sin embargo, los resultados obtenidos durante la temporada 2026 de la Canadian Premier League pusieron en discusión la conveniencia de esta modificación.
¿Qué pretendía cambiar la Ley Wenger? La actual Regla 11 establece que un futbolista se encuentra en posición de fuera de juego cuando cualquier parte de su cabeza, cuerpo o pies está más cerca de la línea de meta adversaria que el balón y el penúltimo adversario, siempre que se encuentre en campo contrario. Las manos y los brazos quedan excluidos de esta consideración.
Por lo tanto, una diferencia de apenas centímetros puede determinar una posición adelantada, aunque corresponde recordar que encontrarse en esa posición no constituye, por sí mismo, una infracción.
La propuesta de Wenger buscaba modificar ese criterio. Según la denominada regla Daylight, el atacante permanecería habilitado mientras alguna parte de su cuerpo válida para jugar el balón estuviera en línea con el penúltimo adversario o por detrás de él. Para encontrarse adelantado, debería haber superado completamente esa referencia defensiva.
En términos prácticos, significaba conceder al delantero una ventaja corporal considerablemente mayor para iniciar sus desplazamientos hacia el arco contrario.

Canadá: los resultados que ponen en duda la propuesta
Después de ensayos realizados en categorías formativas, la Canadian Premier League aplicó esta interpretación experimental mediante una prueba autorizada por la IFAB y desarrollada en colaboración con la FIFA.
La cadena española SER fue una de las primeras en precisar las definiciones de este informe, que evaluó 112 partidos de la temporada regular e identificó tres resultados relevantes:
- 54% menos de decisiones de fuera de juego.
- 13 goles adicionales.
- Un retroceso aproximado de tres metros en las líneas defensivas.
Las cifras muestran que la modificación consiguió reducir considerablemente las posiciones adelantadas sancionadas, pero sin generar un incremento proporcional de los goles. Los 13 tantos adicionales equivalen, aproximadamente, a uno más cada nueve partidos.
La contradicción fue evidente: una propuesta concebida para favorecer el ataque terminó incentivando el retroceso de las defensas.
En el fútbol moderno, la Regla 11 constituye una herramienta esencial para organizar la presión, controlar la profundidad y coordinar los movimientos colectivos. Modificar su referencia también altera las estrategias utilizadas por los equipos.
La experiencia canadiense demostró que una ventaja reglamentaria puede ser neutralizada mediante una adaptación táctica del adversario.
¿Por qué la IFAB no encuentra fundamentos suficientes para aprobarla?
La International Football Association Board (IFAB), organismo responsable de establecer y modificar las Reglas de Juego, debe evaluar no solamente los objetivos de una propuesta, sino también sus consecuencias sobre el desarrollo del fútbol.
En este caso, los resultados plantearon tres cuestiones fundamentales: el incremento limitado de goles, el retroceso de las líneas defensivas y la alteración del equilibrio táctico entre atacantes y defensores.
Existe, además, un aspecto tecnológico que merece consideración. Cambiar la referencia del fuera de juego no garantiza eliminar las decisiones milimétricas; puede simplemente trasladarlas a otro punto del cuerpo del atacante.
Una evaluación desfavorable, pero sin resolución definitiva
La reunión de los paneles consultivos de la IFAB, celebrada el 27 de octubre, representó una instancia importante para analizar los resultados de Canadá.
Las informaciones difundidas posteriormente señalaron una marcada resistencia a continuar impulsando la iniciativa en su formulación actual. No obstante, corresponde establecer una precisión institucional: la IFAB todavía no ha comunicado una resolución formal y definitiva que descarte la Ley Wenger.
Su comunicado oficial confirmó la presentación de los resultados del ensayo canadiense, sin anunciar la aprobación ni el rechazo definitivo de la modificación. Pero mostró muy poco entusiasmo por los resultados. “Se presentaron las últimas informaciones sobre el ensayo para la detección del fuera de juego que se está llevando a cabo en la Premier League canadiense y los ensayos del sistema de revisión en vídeo (FVS), que permite a las competiciones con recursos limitados utilizar repeticiones para ayudar a los árbitros”, puntualizaron recientemente en un comunicado oficial.
La próxima reunión de trabajo está prevista para el 14 de enero de 2027, en Zúrich, donde continuará el proceso de evaluación reglamentaria. En consecuencia, la propuesta enfrenta un escenario desfavorable y su aprobación a corto plazo parece poco probable, aunque formalmente el debate continúa abierto.
FIFA e IFAB: ¿quién tiene la última palabra?
La FIFA puede impulsar investigaciones, presentar propuestas y desarrollar ensayos autorizados, pero no tiene facultades para modificar unilateralmente las Reglas de Juego y establecer su aplicación general en las competiciones oficiales. Esa responsabilidad corresponde a la IFAB, integrada por la FIFA y las cuatro asociaciones británicas: Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte.
Para aprobar una modificación se requiere una mayoría de tres cuartas partes de los ocho votos disponibles. La FIFA cuenta con cuatro y cada asociación británica dispone de uno.
Aunque el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, continúe promoviendo alternativas para favorecer el fútbol ofensivo, la Ley Wenger deberá superar ese procedimiento antes de convertirse en una norma de aplicación general.
La experiencia canadiense deja una enseñanza que trasciende la discusión sobre el fuera de juego. La Ley Wenger nació con una intención legítima: favorecer al atacante, aumentar las oportunidades de gol y reducir las controversias por posiciones milimétricas. Sin embargo, sus resultados demostraron que disminuir las decisiones de fuera de juego no garantizó necesariamente un fútbol más ofensivo y menos controversia que la actual.



