La inteligencia artificial generativa ya comenzó a modificar la forma en que se realizan numerosas tareas y la Ciudad de Buenos Aires aparece particularmente expuesta a ese proceso. El 66,9% del empleo porteño tiene algún grado de exposición a estas herramientas, según un índice elaborado por el Consejo Económico y Social de la Ciudad de Buenos Aires (CEBA) con una metodología de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).
El estudio constituye la primera aplicación de esta metodología a una ciudad. El CEBA trabajó junto con la OIT y la CGT para adaptar el análisis a la estructura laboral porteña y determinar qué tareas de las distintas ocupaciones pueden ser automatizadas, complementadas o transformadas por la inteligencia artificial generativa.
Durante una entrevista en Infobae a la Tarde, Socías explicó que el objetivo fue evitar tanto las visiones que presentan a la tecnología como una solución para todos los problemas como aquellas que anticipan una destrucción masiva del empleo. “Tratamos de salir un poco de las dos narrativas antinómicas”, señaló.

Buenos Aires, entre los mercados laborales más expuestos
El índice utiliza una escala de cero a uno: el valor más bajo representa ausencia de exposición y el más alto, el máximo nivel posible. No mide cuántos empleos serán eliminados, sino hasta qué punto las tareas que forman parte de cada ocupación pueden verse afectadas por la IA.
En la comparación internacional utilizada por el CEBA, Buenos Aires aparece detrás de Singapur y por encima de Estados Unidos, Francia, el Reino Unido y Australia. Socías aclaró, de todos modos, que se trata de una comparación con una limitación metodológica: la OIT suele medir países y, en este caso, el análisis se realizó sobre una ciudad.
La estructura de la economía porteña ayuda a explicar el resultado. Casi el 88% del empleo de la Ciudad corresponde al sector servicios, donde tienen un peso importante las actividades administrativas, profesionales y vinculadas con el procesamiento de información.
Oficinistas, abogados y periodistas, entre los más expuestos
El relevamiento analizó 40 ocupaciones y desagregó cada una en las tareas que realizan sus trabajadores. De esa manera, no se evalúa solamente una profesión en términos generales, sino qué partes de su actividad pueden verse afectadas por la incorporación de inteligencia artificial.

Entre las ocupaciones con mayor exposición aparecen los oficinistas, los trabajadores de atención directa al público, el personal de apoyo administrativo, contadores, abogados, profesionales de tecnología de la información, periodistas y diseñadores. Los oficinistas representan, por ejemplo, cerca de 112.000 trabajadores en la Ciudad.
Según Socías, el factor que atraviesa a buena parte de estas actividades es el peso de las tareas cognitivas. “Todas las ocupaciones que tienen un conjunto de tareas de base cognitiva tienen un nivel de exposición alto a la inteligencia artificial”, explicó.
En cambio, las ocupaciones que dependen en mayor medida de la presencia física, la destreza manual o el trato interpersonal presentan menores niveles de exposición. Entre ellas aparecen trabajadores de cuidado, personal de salud, empleo doméstico, construcción, plomeros y electricistas.
Qué significa estar “expuesto” a la IA
El dato del 66,9% no implica que dos de cada tres trabajadores porteños estén en riesgo de perder su empleo. Esa distinción es central en la metodología.

“Exposición no significa pérdida de puesto de trabajo”, explicó Socías. Según detalló, una ocupación puede mantenerse mientras algunas de sus tareas sean automatizadas y otras sean realizadas con asistencia de herramientas de inteligencia artificial.
Un docente, por ejemplo, puede utilizar IA para preparar una clase, organizar materiales o elaborar consignas. Sin embargo, otras dimensiones de su trabajo dependen del vínculo con los alumnos y de la interacción en el aula. “No hay forma de sustituir el trato interpersonal de un docente con los niños”, sostuvo Socías.
El impacto, por lo tanto, puede producirse dentro de los propios puestos de trabajo: algunas tareas podrían desaparecer, otras modificarse y otras adquirir mayor importancia. La discusión no pasa únicamente por cuántas profesiones sobrevivirán, sino por cómo cambiará el trabajo cotidiano de quienes las ejercen.
El debate que viene: productividad, salarios y capacitación
Para el CEBA, el próximo paso consiste en medir qué sectores de la economía porteña ya están adoptando inteligencia artificial y de qué manera esa incorporación está modificando las tareas y la organización laboral.
A partir de allí aparece otra discusión: quién se queda con las ganancias de productividad que puede generar la tecnología.
Socías advirtió que un aumento de la productividad no necesariamente se traduce en mayores ingresos para los trabajadores. “Si no interviene la política, probablemente el resultado sea mayor concentración de la riqueza, porque se lo va a apropiar el capital”, planteó.

El CEBA propone discutir programas de formación profesional y nuevas reglas para acompañar la transformación tecnológica, con participación de sindicatos, empresas y trabajadores. La agenda incluye cuestiones como la capacitación, los salarios y la distribución de las ganancias derivadas de una mayor productividad.
El desafío, según la mirada de Socías, es que la incorporación de inteligencia artificial permita reducir tareas repetitivas o desgastantes sin que eso implique necesariamente pérdida de empleo o reducción de ingresos. “El cambio va a venir, es inevitable”, sostuvo. La discusión, agregó, pasa por cómo gestionar esa transición.
Hay, además, un problema adicional: la velocidad con la que avanza la tecnología. Los modelos de IA cambian rápidamente y pueden ampliar sus capacidades en períodos muy cortos. Por eso, al referirse al índice presentado por el CEBA, Socías reconoció: “Este es un índice que ya nace obsoleto”.
La medición ofrece así una fotografía del mercado laboral porteño frente a una transformación que todavía está en curso. El 66,9% de exposición no es una cifra de despidos futuros, sino una señal de la magnitud del cambio que puede atravesar las tareas y profesiones de la Ciudad en los próximos años.
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