Los estadounidenses pasan más del doble de tiempo con asistentes virtuales que con aplicaciones de citas

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En un momento en que la IA ocupa cada vez más lugar en nuestras vidas, en ocasiones amenaza también con reemplazar algo propio del ser humano: nuestros vínculos. En ese sentido, un informe de Sensor Tower reveló algo que muchos temían: las personas -específicamente en este estudio, los estadounidenses- están pasando cada vez más tiempo interactuando con compañeros de inteligencia artificial y menos con aplicaciones de citas.

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El hallazgo del estudio no es nuevo, si se tiene en cuenta que, en marzo de 2025, un informe de Harvard Business Review mostró que el principal uso que se le daba a la inteligencia artificial generativa (GenAI) hasta ese momento era la terapia y la compañía.

El nuevo estudio elaborado por Sensor Tower señala que estos descubrimientos se pueden explicar por la estructura con la que cuentan ambos modelos estudiados: mientras que las aplicaciones de citas pueden ser transaccionales y llevan a que el usuario abandone la plataforma una vez que consigue un match exitoso, los compañeros de IA brindan una relación continua, que mantiene conectados a los usuarios durante más tiempo.

Mientras que las plataformas tradicionales de citas y descubrimiento social registran una disminución sostenida en el total de horas de uso, los compañeros virtuales están en ascenso

La psiquiatra y especialista Marian Rojas Estapé ya había explicado a LA NACION los riesgos que conlleva el desarrollar vínculos en un momento en que convivimos constantemente con asistentes virtuales, chatbots y agentes de IA: “El gran riesgo es que empecemos a preferir vínculos sin fricción, sin conflicto, sin exigencias. La relación con una IA puede ser cómoda: no contradice demasiado, no exige, no se cansa, no tiene heridas propias, no necesita reciprocidad real. Y eso puede volvernos menos tolerantes a lo más humano del vínculo entre personas: el desencuentro, la espera, la diferencia, la incomodidad, el esfuerzo de explicar, escuchar, reparar“.

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La especialista explicaba que los vínculos de verdad nos transforman porque nos confrontan, nos obligan a salir del narcisismo, del ego, a reconocer al otro como alguien distinto y agregaba más adelante: “Si una persona empieza a refugiarse sistemáticamente en interacciones donde siempre se siente validada, comprendida y adaptada a su medida, puede atrofiar su capacidad para amar en la realidad”.

La psicóloga Bárbara Ayub (MN 57307), del equipo Psicointegral, coincide con esta mirada y resalta otra característica importante de esta tecnología: el hecho de que no cuestiona las afirmaciones de los usuarios, sino que convalida lo que le dicen. “La inteligencia artificial genera mucha adulación: tiende a confirmar lo que queremos escuchar y no fomenta el pensamiento crítico”, reflexiona la especialista. Además, destaca la disponibilidad 24/7 con la que cuentan, el hecho de que “siempre tienen una respuesta para todo”, lo que fomenta todavía más el acudir a ellas. Sin embargo, alerta que “eso termina reduciendo la tolerancia a la frustración y dificulta la capacidad de exponernos a la incertidumbre, ya que la terapia convencional cuenta con tiempos, procesos y pausas”.

La interacción con herramientas de IA puede volvernos menos tolerantes a lo más humano del vínculo entre personas: el desencuentro, la espera, la diferencia, la incomodidad, el esfuerzo de explicar, escuchar, reparar

A ese respecto, Rojas Estapé también señalaba: “Crecer psicológicamente exige a veces frustrarse, corregirse, asumir límites. Si todo el tiempo recibimos un reflejo complaciente, corremos el riesgo de debilitarnos por dentro”. Las consecuencias de esto ya se están viendo y, de hecho, según un estudio conjunto de OpenAI y el MIT Media Lab las interacciones de voz con ChatGPT diarias se correlacionaban con mayor soledad; esto muestra que una dependencia grande con estas herramientas puede desplazar la conexión humana real.

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En ese contexto, en que una IA puede personalizar cuerpos, edades o escenarios a demanda, “se plantean nuevas preguntas éticas y psicológicas”, advierte la dra. en Psicología Carolina Sánchez Agostini, profesora del IAE Business School y de Psicología de los Vínculos de la Universidad Austral, y concluye: «¿Qué ocurre cuando el deseo se acostumbra a no tener límites ni consecuencias? ¿Qué tipo de vínculo se construye con un “otro” que no existe, pero que parece más disponible que una persona real? ¿Qué distancia puede generarnos con las personas reales y los vínculos reales? ¿Qué consecuencias puede tener para el aislamiento, la soledad, la depresión?”.

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