miércoles, septiembre 2, 2026
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La historia detrás del partido oculto de Messi en la Selección: “A ese chico lo van a tener que aguantar 20 años”

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“Todo jugador quiere venir a su selección, es un orgullo estar en la selección argentina. Es lo mejor que me pudo haber pasado”. Un Lionel Messi de 17 años recién cumplidos, con el llamativo dorsal N° 17, cabellera frondosa y ochentosa con el flequillo desmechado, y algo arrebatado ante las cámaras, pronuncia una declaración de amor que, a la luz del tiempo, adquiere otro significado, uno con sabor a eternidad.

Aquel 3 de julio de 2004, en el Estadio Alberto Supicci de Colonia, la Pulga, más Pulga que nunca, acababa de deslumbrar a los pocos espectadores con una actuación elocuente. Un tiempo le alcanzó para marcar dos goles y generar un sinfín de situaciones en el triunfo por 4 a 1 contra Uruguay, el segundo de los dos partidos que la AFA organizó de apuro para blindarlo para siempre ante el inquietante interés de España por quedarse con el talento que ya asomaba en el Barcelona.

Un puñado de días antes, se había disputado en la cancha de Argentinos, y ante apenas 500 privilegiados, el 8-0 ante la Sub 20 de Paraguay que le bajó la persiana a las intenciones ibéricas. Los focos históricos quedaron apuntados a aquel encuentro ya mitológico, que dejó oculto el partido ante Uruguay, una joya que está subida completa a YouTube y se hizo viral en las últimas horas ante el tsunami de nostalgia que provocó la despedida de Messi de la Selección.

Gerardo Salorio, preparador físico del equipo nacional, estuvo aquel día. Y también fue parte del paño de lágrimas por el adiós del astro a la casaca albiceleste, con la que ganó un Mundial Sub 20, una medalla de oro en los Juegos Olímpicos de 2008, dos Copas América, una Finalissima y la Copa del Mundo de Qatar en 2022. Todo eso (además de tres finales continentales y dos definiciones del certamen ecuménico) transcurrió desde esos dos amistosos fundacionales, cuando el astro rosarino todavía era una estrella en ciernes.

“Al principio me pegó mal la noticia de su retiro de la Selección. Pero en un momento dado pensé: ‘Yo soy un egoísta, disfruté 20 años de Leo y de haber trabajado con él’. Y empecé a filosofar de otra manera, creo que es lo mejor para él, se va en su mejor momento”, reflexionó el profe en diálogo con Infobae.

Consultado sobre aquel duelo contra la Celeste, una sonrisa lo invadió. “Fue lapidario, les dimos un peludo… No tenían idea del equipo que teníamos”, evocó Salorio. Aquella tarde en Colonia, Argentina alineó un equipo con varias promesas, como Oscar Ustari, Pablo Barrientos, Ezequiel Lavezzi y Pablo Vitti. Desde el banco saltaron Fernando Gago, Pablo Alvarado y el mismísimo Messi. Por Uruguay actuaron nombres que luego dejaron su sello, como Diego Godín, Luis Aguiar, Ribair Rodríguez y Álvaro Pereira.

A los 15 minutos, Álvaro Navarro abrió el marcador para el local y Vitti igualó a los 31. El atacante surgido de Rosario Central fue quien le dejó su lugar a Messi tras el descanso. No quiso demorar mucho en mostrar lo que su electricidad podía aportarle al desarrollo: antes de los dos minutos, firmó el 2-1.

“El arquero buscó salir jugando con Messi de extremo por la derecha. Leo corrió como cuete, robó la pelota, y pum, adentro”, relató el preparador físico. En efecto, el fantasista recuperó ante un defensor, pulsó el botón de turbo con la pelota bien pegadita al botín izquierdo (acción que luego se transformó en su marca registrada), pisó el área y sacó el zurdazo que venció la resistencia del arquero Lucero Álvarez.

A los 11′, Messi tomó la aguja, enhebró el hilo, dio la puntada y también terminó la prenda. Metió una asistencia filosa para el Pocho Lavezzi, quien superó el arquero y, como la pelota se le abrió, lanzó un centro en forma de globo para que la Pulga, en el segundo palo, cabeceara a la red. “Desequilibrante el número 17. Por algo lo traen desde Europa, por algo se lo llevaron tan joven a España”, resaltó Javier Díaz, comentarista del encuentro, quien este martes compartió un retazo del encuentro en su cuenta de X (antes Twitter).

El momento del ingreso del delantero: usó el dorsal N° 17

Messi también estuvo en el 4-1. Condujo, desorientó a más de un rival con su regate, definió por encima del arquero, que llegó a amortiguar la definición, y apareció Lavezzi, ya un potencial socio, para resolver el pleito. De fondo, en el video, se escucha un alarido de un colaborador uruguayo, ofuscado por la facilidad con la que desequilibró el entonces retoño de La Masía. Tal vez hoy, a la distancia, halle consuelo en que cientos de rivales lo sufrieron con la misma intensidad.

El video ofrece otras jugadas. Gambetas como si tuviera esquíes, lindas combinaciones con Gago o con Barrientos, complicidad con Lavezzi. Hugo Tocalli, el entrenador del equipo, supo confesar que esas dos actuaciones en los amistosos organizados de emergencia lo convocaron a la Pulga para el Sudamericano Sub 20 de 2005. No hizo falta más.

Antes y después, en esa primera convivencia, dejó señales de que Argentina tenía entre manos un diamante no en bruto, sino en proceso acelerado de pulido. “En la primera práctica arrancó y dije ‘éste está en 420, no en 220. Tenía velocidad y precisión”, recuerda Salorio, quien fue uno de los que le dio la bienvenida en el complejo de Ezeiza con una exigencia.

“Vos entrás al predio y ves la cancha 1; ahí estábamos entrenando. Y Hugo (Tocalli) me llama. Había una persona grande con un adolescente al lado. No lo conocía: era Messi. Lo primero que le tiré fue ‘el pelo está un poquito largo, lo tenemos que cortar’. Hugo me fulminó con la mirada. Y Jorge Messi, que era un buen tipo, me dijo ‘mañana lo hacemos cortar’. Un señor”, recordó el profe, que también vio signos que lo sorprendieron en el viaje de regreso de Colonia.

El profe Salorio, junto a Messi

“Cuando volvíamos en el buque le dije ‘tenemos que entablar un diálogo más fluido’. Y él hablaba poquito. Y en el free shop era muy austero para gastar. Algunos entraban y arrasaban. A él le importaba jugar”, anotó en su libreta.

Tan austero era que ni siquiera reclamó su viático por la excursión a Uruguay, que accidentalmente se quedó un compañero. “Cuando íbamos al exterior, la AFA nos daba 50 dólares de viático a cada jugador. Esa vez no tenían cambio y a mí me dieron 100 para que le diera 50 a Leo. Le dije que apenas consiguiera, se los daría. Él ni se preocupó: ‘Tranquilo, tranquilo’. Nunca conseguí cambio: le debo 50 dólares a Messi”, confirmó Alvarado en la biografía de Messi escrita por Ariel Senosiain.

“Pasó el tiempo y no lo volví a ver. Así de simple. Es mi anécdota con Messi, porque después no tuve la suerte de jugar más con él, por lo menos me quedó esa anécdota”, supo añadir el ex defensor ante la pregunta de Infobae.

Después de aquel show que permaneció olvidado por años, tras el paso por el vestuario, los chicos argentinos subieron al micro. Allí se sumó el representante de la selección de Uruguay para saludar y también para transmitir una preocupación tras lo que habían visto sus ojos.

“Nos felicitó y luego dijo: ‘Les tengo que preguntar quiénes son los dos delanteros’. Tocalli lo miró y respondió: ‘Uno se llama Ezequiel Lavezzi, juega en Estudiantes de Caseros, lo fue a ver el profe y lo recomendó. El otro vino de Europa. Y por los próximos 20 años lo van a tener que aguantar’”, reveló Salorio sobre el presagio casi perfecto del formador, porque los años de Messi aterrorizando rivales con la Selección fueron casi 22.

Si hoy lo tuviera adelante a Leo, le diría ‘gracias maestro, gracias por todo lo que me hiciste vivir’. Y lo disfrutaría más, porque me di cuenta de los momentos que me tocaron vivir junto a él. Como cuando lo llevé a mi pieza en pleno Mundial Sub 20 de Holanda para decirle ‘mirá que Pekerman te está siguiendo para la Mayor’. ‘¿En serio?’, me dijo, con esa carita…“, se emocionó el profe, como todos los argentinos al comprobar que el idilio con la Selección, al menos con los pantalones cortos, ya no tendrá más capítulos como aquel partido en Uruguay, con ribetes de fábula.

Messi, en su etapa en las selecciones juveniles

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