lunes, septiembre 14, 2026
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La disputa entre Bernabé Aráoz y Martín de Güemes que afectó el plan de independencia continental de San Martín

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Bernabé Aráoz desde Tucumán complicaba la llegada de pertrechos para los ejércitos de Güemes en el norte

La etapa decisiva de la emancipación americana encontró a las Provincias Unidas profundamente divididas por conflictos políticos y regionales que terminaron afectando la ejecución del plan continental de José de San Martín. En ese escenario, la postura de enfrentamiento sostenida por Bernabé Aráoz contra Martín Miguel de Güemes contribuyó a quebrar la coordinación estratégica indispensable para la continuidad del proyecto emancipador, precisamente cuando el esfuerzo conjunto de los patriotas debía orientarse hacia su concreción.

La creación de la provincia de Tucumán en 1814, al dividirse la antigua Gobernación Intendencia de Salta del Tucumán, colocó a Bernabé Aráoz en una posición de autoridad de creciente importancia.

Desde 1816, mientras San Martín organizaba el Ejército de los Andes y proyectaba la campaña destinada a liberar Chile y posteriormente el Perú, Güemes sostenía en el norte una guerra defensiva-ofensiva contra las fuerzas realistas. La resistencia de las milicias gauchas salteñas mantuvo a los ejércitos españoles alejados de las provincias del interior y permitió que el gobierno central concentrara recursos en el Ejército de los Andes. La acción de Güemes, por lo tanto, formaba parte de un plan de alcance continental y se encontraba estrechamente vinculada con la estrategia concebida por San Martín.

Las internas dentro de las Provincias Unidas afectaron la ejecución del plan continental de José de San Martín

San Martín necesitaba que las fuerzas realistas del Alto Perú permanecieran contenidas mientras se desarrollaban las operaciones por Chile y el Pacífico. Güemes, a su vez, necesitaba el apoyo de las provincias para sostenerla. La coordinación entre ambos respondía a una estrategia común. Belgrano comprendía perfectamente esta concepción y, en una carta dirigida a Güemes el 3 de febrero de 1818, le manifestaba que ambos estaban destinados al “objeto común”, aludiendo a la próxima aparición de la bandera de la libertad en el Pacífico.

Dentro de este esquema, Tucumán ocupaba una posición estratégica fundamental. Sin embargo, Aráoz comenzó a dificultar el envío de hombres, armas, caballos y municiones que Güemes necesitaba para sostener la defensa del norte y preparar su participación en el Ejército de Observación sobre el Perú. Martín G. Figueroa Güemes sostuvo que la inquina de Aráoz hacia Güemes estaba acompañada por una profunda emulación política. El tucumano, que gozaba de la gloria de haber participado el 20 de febrero de 1813 en la victoriosa Batalla de Salta, ahora anhelaba la ruina del caudillo salteño “porque pretendía sucederle en el mando del ejército que definiría el pleito americano y obtener como recompensa el gobierno vitalicio de la ínsula en la que acababa de proclamarse presidente”.

La contradicción entre las declaraciones de Aráoz y sus actos resulta particularmente significativa. Mientras proclamaba su adhesión a la causa de la libertad y prometía auxilios, estos frecuentemente no llegaban o lo hacían en condiciones deficientes. Belgrano, que desde Tucumán continuaba al frente del Ejército del Norte, conocía las dificultades y procuraba asistir al gobernador salteño dentro de sus limitadas posibilidades. En una carta del 15 de mayo de 1817, ante los reclamos de Güemes, Belgrano llegó a expresar su sospecha de que existía “picardía” en el manejo de los recursos enviados.

, Aráoz comenzó a dificultar el envío de hombres, armas, caballos y municiones que Güemes necesitaba para sostener la defensa del norte (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las dificultades, lejos de resolverse, se prolongaron durante los años siguientes. En 1820, Aráoz continuó manifestando formalmente su disposición a colaborar, pero en los hechos obstaculizó el paso de los refuerzos destinados al proyecto militar de Güemes. Indiscutiblemente, el sacrificio de Salta resultaba decisivo para el destino de la Patria.

A esta situación se sumó la posición autonomista de Aráoz. En 1820 llegó a proclamar la efímera República de Tucumán, profundizando la fragmentación política del antiguo espacio de la Intendencia. Su enfrentamiento con Güemes coincidió, además, con el momento en que el gobernador salteño debía reunir los últimos recursos para participar en la fase final de la emancipación americana.

La situación alcanzó su punto culminante entre 1820 y 1821. Güemes, decidido a continuar el plan combinado con San Martín y al frente del Ejército de Observación sobre el Perú, necesitaba dejar organizada la administración de Salta y pidió al Cabildo que se eligiera un gobernador delegado, logrando que el 18 de diciembre de 1820, el Cabildo elija como gobernador sustituto al doctor José Ignacio Gorriti. Hallándose Güemes en Jujuy, regresó a Salta y se dispuso a resolver el conflicto con Tucumán, confiando el avance de sus fuerzas al coronel Alejandro Heredia.

El resultado de esta fragmentación fue inmediatamente aprovechado por los realistas

La confrontación desembocó en una campaña militar cuyo episodio decisivo fue la batalla de Rincón de Marlopa, librada el 3 de abril de 1821, donde las fuerzas salteñas de Heredia fueron derrotadas por las tropas tucumanas. El hecho fue informado al Virrey del Perú, desde Arequipa, al día siguiente por el general Juan Ramírez Orozco, con evidente premura y propósito de desacreditar a los patriotas. Más tarde se sucedieron nuevos encuentros favorables a los tucumanos en Trancas y Acequiones.

Güemes quedó impedido de obtener los recursos necesarios para continuar su proyecto de marcha hacia el Perú. En otras palabras, la guerra civil entre patriotas interrumpió la cooperación militar indispensable para completar el plan sanmartiniano.

El resultado de esta fragmentación fue inmediatamente aprovechado por los realistas. Pedro Antonio de Olañeta, conocedor de las divisiones existentes entre los patriotas, ordenó la invasión de Jujuy al mando del coronel Guillermo Marquiegui. Aunque los patriotas obtuvieron posteriormente el triunfo del “Día Grande de Jujuy”, la desunión había debilitado gravemente la capacidad ofensiva de Güemes.

A ello se sumó la llamada “Revolución del Comercio”, instigada por Bernabé Aráoz, mediante la cual sectores internos de Salta depusieron temporalmente a Güemes. La conspiración contó con la protección de sus adversarios refugiados en Tucumán, agravando todavía más una situación militar e institucional ya extremadamente comprometida.

La responsabilidad histórica de Aráoz debe analizarse, más allá de sus motivaciones personales, por las consecuencias concretas de sus decisiones. Su enfrentamiento con Güemes contribuyó a impedir la circulación de recursos, debilitó la defensa del norte, favoreció la acción de los realistas y, fundamentalmente, frustró la posibilidad de que Güemes se incorporara a la campaña continental proyectada por San Martín.

Don José de San Martín en la caravana libertadora previo a la Independencia del Perú

Tanto San Martín como Güemes comprendieron que las luchas internas debían quedar subordinadas al objetivo superior de la independencia americana. Güemes solo recurrió a la guerra contra sus adversarios internos cuando consideró que estos comprometían directamente la defensa y el proyecto emancipador. Aráoz, en cambio, terminó subordinando la cooperación continental a conflictos localistas.

Así, la oposición entre Güemes y Aráoz no fue simplemente una disputa entre dos gobernadores ni una rivalidad personal. Fue una de las expresiones más graves de la fragmentación política que afectó a las Provincias Unidas en el momento culminante de la guerra de la Independencia. La resistencia de Güemes había permitido sostener el frente norte y facilitar la campaña de San Martín; la acción de Aráoz contribuyó a quebrar esa necesaria articulación.

Cuando Güemes murió el 17 de junio de 1821, su muerte constituyó la principal causa de la inmediata disolución del Ejército Auxiliar del Perú, de la prolongación de la guerra en el Perú, y, consecuentemente, de las graves dificultades militares que debió afrontar San Martín durante el semestre previo a la entrevista de Guayaquil.

El fracaso de aquella última etapa del plan sanmartiniano demuestra, en definitiva, que la emancipación americana no dependía solamente de vencer a los ejércitos realistas. Requería también preservar la unidad de acción entre los patriotas. El sacrificio de Salta continuó sosteniendo la causa, pero ya no pudo transformarse en el apoyo militar continental que San Martín y Güemes habían proyectado.

* Rodolfo Leandro Plaza Navamuel, Diplomado Universitario en Genealogía y Heráldica. Académico correspondiente de la Academia Sanmartiniana del Instituto Nacional Sanmartiniano. Académico de número y expresidente de la Academia Güemesiana del Instituto Güemesiano de Salta. Sitial Nº 2 Ángel Justiniano Carranza.