En 2003, la voz de Claudio Basso se convirtió en el fenómeno musical más convocante del país y se consagró como ganador de la primera edición argentina de Operación Triunfo. De trabajar como albañil y empleado del depósito de un hospital en Cipolletti a viajar en camionetas blindadas y firmar autógrafos durante doce horas seguidas, Basso experimentó el vértigo absoluto de una fama que, tan rápido como llegó, le exigió pagar el precio más alto.
En septiembre de 2006, un trágico accidente automovilístico en la autopista a Rosario interrumpió sus giras internacionales y le provocó fracturas múltiples en el rostro que borraron sus facciones y amenazaron con dejarlo ciego y sin la posibilidad de volver a cantar. En esta entrega de La vida después, Claudio reconstruye su historia: la aparición de un “ángel” en la noche del choque, la angustia de un mes a oscuras, el reencuentro con su propia imagen y la tranquilidad con la que hoy abraza el cariño de la gente que no lo olvidó.
Luis Novaresio: ¿Quién es Claudio Basso?
Claudio Basso: Claudio Basso es un hombre que soñó a pesar de la condición, a pesar del lugar, y que consiguió cumplir su sueño.
LN: “Soñó a pesar de la condición”. ¿A qué condición nos referimos?
CB: Primero, el soñar con cantar era una locura. Si no hubiese ido el casting a Neuquén, hubiese sido prácticamente imposible llegar a Buenos Aires. Soñé con eso y pude lograrlo a través de un programa de televisión.
LN: Pintame la condición. ¿Cómo era Claudio antes del casting?
CB: Era un laburante más. En ese tiempo me acuerdo de que recién había empezado el Plan Trabajar: yo estaba en el hospital de Cipolletti trabajando. Había que trabajar cuatro horas, yo trabajaba cinco y me acuerdo de que después de eso salía a trabajar de lo que podía. Ya tenía dos hijos, así que había que llevarles de comer.
LN: ¿Y en el hospital qué hacías?
CB: Trabajaba en el depósito.
LN: Y afuera, dijiste “de lo que viniera”, ¿qué incluía?
CB: Oficial albañil, plomero, gasista, maestro sanguchero… (risas) Trabajé en fibra de vidrio. De lo que se te ocurra.
LN: ¿Sos buen albañil?
CB: Soy muy buen albañil.
LN: Bien. Y llega 2002, 2003…
CB: Llega 2003 y yo había visto un programa de televisión en España que se llamaba Operación Triunfo, de donde salió Bisbal, Chenoa… Fue realmente impresionante. Pero nunca me imaginé de que eso iba a pasar acá, en Argentina. Cuando apenas salió la promoción durante 40 días, no cortaban más con la publicidad esa, no llegaba más el anuncio del día exacto en que se iba a hacer el casting. Cuando se dio el anuncio, me fui a Neuquén —que Cipolletti y Neuquén están pegaditos—. Me fui al Canal 7 de Neuquén a esperar ahí y fui una noche antes para poder ser uno de los primeros en el casting.

LN: Entonces vas a Neuquén, audicionás… Y ahí empieza a pasar algo que era el camino de tu sueño.
CB: Ahí me ve Rubén Goldín, que fue coach del programa también, y dice: “Este pibe puede ser”. Y me dio la posibilidad de pasar entre 782 personas en Neuquén, y de ahí vine al casting en Buenos Aires. Ya que me hayan pagado el colectivo para venir ya era una locura para mí, ¿no? Mi situación en ese momento era de laburar todo el día, de andar en bicicleta más de 40 kilómetros por día para poder llegar a todo lo que tenía que hacer, al hospital y a todos los otros laburos, y no me alcanzaba para nada.
LN: Dos niños.
CB: Dos chicos, y no me alcanzaba para nada. Y seguía soñando con que podía llegar a cantar delante de mucha gente, a poder vivir de lo que amaba, que era la música. Pero no se daba.
LN: Te venís acá, cantás, audicionás y te dicen: “Vas a ser uno de los participantes”.
CB: Me acuerdo de que estaba hasta Pablo Ramírez. Pablo me dio su camisa para poder hacer la prueba de cámara. Se mataban de risa porque me querían hacer bailar y soy de madera terciada. Y bueno, pasé ese casting, ya quedé, quedé en el programa y fue realmente un sueño cumplido.
LN: ¿Cuánto duró hasta que dijeron “el ganador es…”?
CB: Tres meses y medio duró el encierro en esa casa, porque estuvimos encerrados… A diferencia de los otros programas que hay ahora, nosotros estábamos como si fuera un Gran Hermano, pero con cantantes.
LN: ¿Cuánto de cierto es que en algún momento dijiste “me voy”?
CB: Cuando entró mi hija… Me acuerdo de que tenía cuatro años en ese momento y me dieron unos regalitos para que les diera a Santi y a Cami. Cuando la veo que va saliendo con el carrito… Yo los veía todos los días, y de golpe no verlos por un mes fue muy fuerte. Me quería ir, y me empezaron a tratar de convencer de que lo que yo estaba haciendo lo estaba haciendo por ellos.
LN: ¿Vos tomabas nota de que afuera empezabas a ser un nombre muy conocido, que había hinchadas tuyas?
CB: No se sabía nada más allá de los que pasaban por la vereda y por ahí gritaban algún nombre. Había un patio —que después lo vi cuando terminó el programa— que conecta con la calle, entonces pasaban y gritaban: “¡Dale, Fulano!”, algo así, y vitoreaban a alguno. Pero no sabía lo que pasaba afuera, no tenía idea de lo que pasaba afuera.
LN: Tratá de describirme con palabras cuando Marley dijo que habías ganado.
CB: Primero, que haya quedado entre los seis finalistas me voló la cabeza. Y después, que me hayan empezado a mirar tanto… Porque entraba la producción, y la producción me hablaba y me aconsejaba, y nos empezaban a contar qué pasaba afuera: era muy fuerte… teníamos que estar firmes. Pero vos estás ahí encerrado y no entendés nada. Y bueno, cuando Marley anuncia eso, yo quise arrodillarme para agradecerle a Dios, porque era cambiar mi vida por completo. Era un sufrimiento constante el estar en Cipolletti trabajando todos los días y que no me alcanzara para nada. Y yo sabía que haber ganado el programa iba a cambiar la vida de mis hijos, o sea, la posibilidad que iba a tener de darles otras cosas a mis hijos.
LN: ¿Cuándo te diste cuenta de que eras famoso?
CB: Cuando salí por primera vez a la calle… (risas)
LN: ¿Y ahí qué pasó?
CB: Estábamos en Vicente López. Nos llevaron a un hotel y de la puerta cruzamos a un supermercado, íbamos a comprar un par de cosas y no podíamos salir del supermercado. Nos empezó a envolver la gente y empezamos a correr por el estacionamiento otra vez para el hotel. Ahí me di cuenta de que estaba pasando algo muy fuerte. También me pasó de haber estado en un lugar firmando autógrafos en el centro todo el día, desde las tres de la tarde hasta las tres de la mañana, una cosa así, y la cola no paraba: daba vueltas al lugar y no paraba. Me llevaban en unas horas a Rosario y era también lo mismo, a firmar autógrafos allá. Era algo que no entendía. Viajaba en la camioneta que alquila Luis Miguel cuando viene a la Argentina. Yo decía: “Estos están todos locos”…
Encima yo soy fanático de los autos y me pasó que paré a ver un auto, un Torino Comahue. “¿No sabés a qué hora abre el taller?”, le digo a un tipo. “¡No!”, me grita… “Bueno, si no sabés no pasa nada”, le respondo desconcertado. “¡No!”, me vuelve a gritar, “¡Vos sos vos!”… Esa era la frase de siempre: “¿Vos sos vos?”. “Mi vieja te ama, te adora. Venite conmigo, por favor, a mi casa”, y me llevaba a la casa. La madre me agarraba, me abrazaba, sacaba la olla y se ponía a cocinar. Y de ahí me llevaban a la radio del pueblo. Era algo totalmente descontrolado, pero porque lo que me dio el programa —que eso es lo que siempre voy a agradecer— es el cariño de la gente, el hacerme parte de su familia. La locura fue tan grande que me hicieron parte de sus vidas.

LN: Grabás disco, la rompés, vas a las radios, la rompés… Y llega 2006. ¿Qué pasa en 2006?
CB: El 17 de septiembre de 2006 voy a hacer un show a Córdoba y a reunirme de paso con el que iba a ser el productor de mi tercer disco. Al volver de Córdoba… salimos a la una del mediodía y veníamos recontra tranquilos. A dos kilómetros pasando el peaje de Rosario había entre 50 y 60 vacas en la autopista. A una de ellas no la pude esquivar, venía manejando yo… Fue algo muy traumático, porque cuando levanto al animal con el auto, hunde el techo y el parante de mi lado y me destroza la cara por completo. Lo único que me hice en el cuerpo fueron un par de cicatrices en el brazo, pero el accidente fue todo en la cara: me borró la cara por completo, me molió los huesos de la cara, me borró la frente. La primera cirugía fue para operarme de emergencia. Encima en todo Rosario estaban de paro. Fue algo tremendo. Según lo que me fueron contando… el auto se dio vuelta, saltó una acequia, cortó el alambrado, saltó otra acequia más y cayó dentro de un campo. Hizo 60 metros adentro del campo arrastrando el techo. Yo venía con mi manager y con mi pianista, y mi pianista se quedó conmigo. Yo me desabroché el cinto y quedé colgando porque estaba al revés, me quedo al lado de él, agarrándolo del brazo y diciéndole por favor que no me suelte porque me estaba ahogando, me estaba muriendo… Y mi manager fue corriendo a la ruta, se fue corriendo esos 60 metros con el teléfono que tenía una lucecita chiquitita, que era de color rojo, azul, amarillo, esa lucecita que no se veía nada. En la ruta otra persona había chocado contra el animal, que quedó tirado ahí, y a raíz de eso frena una persona con una camioneta. Se baja de esa camioneta un hombre de pelo blanco con barba blanca y le dice a mi manager que él nos iba a ayudar. A todo esto la ambulancia tardó como una hora y media por el paro de los hospitales. Cuando llego al hospital, a mí me mandan a uno, a mi manager a otro y al pianista a otro. Llego a ese hospital y el portero se puso a gritar que era yo, que no me dejen morir, que hagan todo lo posible. Se puso a gritar como loco. Esa persona se llama Salvador. Gracias a él apuraron las cosas y me llevaron a terapia intensiva. Al otro día empecé con toda la locura de las operaciones.
LN: Reconstruirte la cara… Me quedo pensando en el hombre canoso de barba blanca.
CB: Se quedó cuidándome toda la noche, porque mi manager tuvo que ir a otro hospital y también estaba lastimado, muy cortado… Y ese hombre se quedó conmigo cuidando todas las cosas, desde las pertenencias hasta la plata que traíamos, porque veníamos de hacer un show. Se quedó cuidando todo durante toda la noche. Al otro día, cuando llega la hermana de mi manager a ayudarnos, que fue la que tuvo que poner el gancho para que me operen rápido, porque no había ningún familiar cerca… La hermana de mi manager pregunta por este señor que había estado toda la noche conmigo, pero ya no estaba más.
LN: ¿No sabés quién es?
CB: Nunca supimos quién es, pero me estuvo cuidando toda la noche.
LN: ¿Y quién es para vos?
CB: Un angelito tiene que haber sido.
LN: Te salvó un ángel.
CB: Y bueno, después empezamos con todo lo de las cirugías con uno de los mejores cirujanos en reconstrucción ósea, y ahí empezamos.
LN: ¿En algún momento temiste no vivir más, no ver más, no cantar más?
CB: Estuve un mes sin ver, sin saber si iba a volver a ver. Obviamente estaba muy preocupado por mi familia. Y lo primero que pensaba, aparte, era que no iba a volver a cantar, seguro… Primero porque no podía ni mover la boca. Fue muy duro retomar después de eso.
LN: Cuando te viste al espejo, ¿te reconociste?
CB: No sé… Primero agradecí volver a ver. Me acuerdo de que cuando empecé a abrir los ojos en el hospital, vi a los pies de mi cama a mi vieja que estaba parada enfrente de la ventana y fue muy fuerte. Fue muy fuerte volver a ver, y después el verme… El verme fue tremendo, fue tremendo porque no te puedo explicar con palabras cómo estaba mi cara. Para describírtelo: mi cara tenía el ancho de mis hombros… La cara se aplanó, se aplanó por completo. Entonces fue muy duro verme. Antes del accidente había empezado a encontrar algunos detalles que me gustaban, era como que me estaba atrayendo Claudio Basso, y voy y tengo el accidente. Fue tremendo.
LN: ¿Antes de ese accidente tenías programada la gira por España, por México, por cuántos lugares del mundo? Y eso desapareció.
CB: Desapareció todo. Frenó todo.
LN: Bueno, los médicos te dijeron: “Quizás no vuelvas a ver”, y viste. Algunos te dijeron: “Quizás no vuelvas a tener un rostro como el que imaginabas”, y lo tuviste. Y alguien te dijo: “No vas a volver a cantar”, ¿y volviste a cantar?
CB: Sí, fue mucho trabajo, fue reeducar la voz, fue volver a modular. Y hoy estoy trabajando también con un cantante lírico, porque la base principal del canto es lírica. Pero hoy siento que estoy bien, me veo bien. Hice algunos intentos en algún momento: como en el 2013, que saqué el tercer disco, al que no le fue mal porque fue nominado en los Premios Gardel —fue el tercer disco nominado en los Premios Gardel—, pero no me escuchaba yo. O sea, yo quería cantar, pero no me escuchaba. Y hoy puedo decir que sí, que me escucho, que me gusta mi voz, que sé que como estoy puedo volver a conectar con el alma y poder emocionar al otro. Bueno, hoy estoy logrando eso. Me pasó hace poco de ir a Olga, a ver a Migue Granados… Fue para darle una sorpresa y de golpe fue encontrarme con toda la repercusión después de eso. Primero saludarlo a él, conocerlo a él, que era algo pendiente que tenía, porque sabía que él ya me había nombrado varias veces, que era fanático mío. Y después la repercusión que tuvo con la gente, el cariño que todavía sigue intacto… Yo desaparecí mucho tiempo, mucho tiempo, y a pesar de eso el cariño sigue intacto.

LN: Dijiste algo que me impacta: “Yo desaparecí durante mucho tiempo”. ¿Tuviste síndrome de abstinencia por no ser aquel que salió corriendo del shopping a que no te reconocieran?
CB: Me parece que el accidente no me dejó pensar mucho en eso. Por momentos es como que para jugar se extraña el ruido, pero encontré otras cosas que son más importantes. Me basé en buscar lo que yo necesitaba, en estar feliz con mi familia, con mis hijos.
LN: ¿La fama es puro ruido?
CB: La fama sí, es puro ruido, es puro cuento. Porque muchas veces lo que te llega… Bueno, me pasó de tener familiares que no conocía, amigos que…
LN: Nunca fueron.
CB: Que nunca fueron. Mis jefes anteriores, en las obras de construcción, corrían al lado del autobomba cuando yo pasé, ¡cuando me habían dejado sin trabajo! Entonces era como todo demasiado loco…
LN: ¿El Claudio Basso de ahora le diría algo al pibe del 2003 que ganó Operación Triunfo?
CB: Le diría que frene un poco la pata y que piense dos veces las cosas. Que hay mucha gente que se va a tratar de aprovechar, que hay mucha gente que lo va a herir, pero hay mucha gente que va a ser muy buena con él y que va a haber mucho amor para él en muchas personas.
LN: ¿Te gustaría volver a ser tan famoso como entonces?
CB: Me gustaría seguir aprovechando el calor de la gente. Es lo que más amo de subirme al escenario: el poder saludar, como me pasó en muchos recitales, saludar a chicos con discapacidad, a gente grande, ayudar a la gente que pueda con lo que vaya haciendo. Me gustaría eso, poder aprovechar el cariño de la gente para bien.
LN: ¿Y qué querés ser cuando seas grande?
CB: Más grande… Me encantaría seguir cantando, seguir en los escenarios. Sé que nací para eso, sé que Dios me dio un don y que es a través de mi voz… que no es la mejor ni la peor, es una linda voz que es usada para poder llegar al corazón de la gente y que ha cambiado vidas. Así que me gustaría seguir cantando toda mi vida, hasta el último día.
LN: ¿Cómo creés que suena tu voz?
CB: Yo sé que mi voz es única, tiene algo personal, como cada una de las voces. Suena dulce, suena melancólica, algo romántica, porque me crié de esa manera también. O sea, cuando yo tenía ocho años, mi papá me regaló un cassette que se llamaba Directo al corazón, que era de un pibe que recién estaba empezando y tenía una melenita: se llamaba Luis Miguel. Empecé a cantar esas canciones, la canción Directo al corazón, Marcela… Todas esas canciones de ese cassette en ese momento, y bueno, después toda la carrera de él la seguí también. Entonces era como que el romanticismo me siguió mucho, eso está impregnado en mi voz.



