El Gobierno, resignado ante el caso Adorni, apuesta todo al Mundial para cambiar el clima político

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Javier Milei y Karina Milei en el Congreso

Más allá de Javier y Karina Milei, reina una sensación de abatimiento total en el Gobierno por la férrea defensa oficial de Manuel Adorni. Mientras la dupla presidencial sostiene contra viento y marea a su cuestionado amigo y jefe de Gabinete, los ministros y asesores nacionales, impávidos y acallados, se sienten meros testigos de cómo se escurre la opinión pública favorable que supo tener el Presidente al inicio de la gestión, y sólo ven una luz al final del túnel en el Mundial.

Hasta ahora, todos los otros temas que el oficialismo lanzó al candelero por distintas vías -económicos, de seguridad, etc- fallaron en el afán principal de persistir en el centro de la agenda. Y por lo bajo, sin que se entere Milei, sus asesores admiten que no son -sólo- los medios los que sostienen el tema, sino que el foco Adorni late fuerte de manera espontánea en las charlas en los cafés y en las filas del cine, además de las redes sociales.

A diario, con cada revelación sobre el patrimonio de Adorni, se convencen de que el campeonato de fútbol es lo único que podría servir para cambiar el eje de la conversación. Y hay quienes se aferran a la lejana posibilidad de que Milei aproveche la euforia mundialista para despedirlo. En Balcarce 50, laderos del ex vocero ríen y dicen, directamente, que es imposible: “Hay un 100 por ciento de apoyo”.

El ministro pasó del abatimiento y la preocupación al alivio en cuestión de minutos durante la tarde del viernes, cuando el Presidente le expresó su respaldo en persona frente a todos los ministros, en la última reunión de Gabinete. El discurso de media hora a través del cual el primer mandatario dijo que no lo echará aunque le cueste la elección fue la frutilla del postre para Adorni, que se terminó de convencer de que el apoyo de los tuits y retuits presidenciales -la mayoría con insultos a periodistas- y la entrevistas telefónica con la señal LN+ eran reales. Anteayer, ese respaldo se hizo carne en el ámbito institucional, en un salón de la Casa Rosada, con todos los principales funcionarios vestidos de traje y blazer.

El problema de fondo es el 2027. “Las Mabeles van a votarnos porque le tienen miedo a Kicillof. El problema son los enanos en el balotaje”, graficó un alfil mileista que desde hace meses se siente -cada vez más- urgido por buscarse la vida por fuera de la política. En el Gobierno dan por descontada la fidelidad de los ex votantes de PRO, pero le temen a la atomización de la competencia. Y están convencidos de que el peronismo massista financiará figuras de derecha y centro derecha para licuar el poder violeta en la primera vuelta.

Manuel Adorni, Luis Caputo y Alejandra Monteoliva

En definitiva, los preocupa la posibilidad de obtener nuevamente esos votos en un mano a mano con el gobernador bonaerense. “No es fácil recuperar de un plumazo veinte puntos si ya no tenés tus banderas disponibles para recuperar a tus desencantados”, dijo un importante colaborador nacional.

Se refería a los estandartes de la Honestidad y Anticasta, difíciles de izar tras el caso Adorni, el mote del “3 por ciento” que recaló sobre Karina Milei; y los affaires en la Agencia de Discapacidad (ANDIS) y en torno al renunciado José Luis Espert. Sólo les queda Inflación, que para mal de males acaba de sufrir un retroceso.

El viernes, Patricia Bullrich dijo algo similar en la reunión de Gabinete. “Tenemos un problema con la ciudadanía por la corrupción y la economía”, lanzó ante el reducido y silencioso auditorio. Ella hubiera deseado que el Presidente la escuchara en persona, pero no tuvo oportunidad: en ese momento, el jefe de Estado, enardecido, ya había dejado el salón sin escuchar a sus interlocutores.

Algunos ministros se sorprendieron por la vehemencia con la que el Presidente defendió a Adorni el cónclave. Dicen que habló con la voz alta, y que luego se fue sin esperar a escuchar réplicas. Adorni estaba más que conforme, y en Gobierno percibieron de su parte ciertos aires revanchistas. Sobre todo, frente a “Pato”, como la había llamado el jefe de Gabinete en la entrevista con el streaming Neura el jueves por la noche.

Hasta cierto punto, en el oficialismo algunos se ilusionan con las últimas revelaciones sobre las SIRA, que podrían involucrar a miembros de la oposición justicialista y balancear la indignación ciudadana. Pero se decepcionan rápido: también vislumbran nuevas instancias de novedades negativas en torno a los bienes de Adorni.

Tiemblan al pensar en el momento en que se conozcan más detalles de las conversaciones que figuran en el celular del contratista Matías Tabar. O en el día en que Adorni, finalmente, presente la famosa Declaración Jurada que Patricia Bullrich lo instó a publicar “de inmediato”. “Van a seguir apareciendo cosas, de una forma u otra, nuevas o coletazos de las que ya conocemos. No hay salida”, suspiró un integrante de la tropa mileista.

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