jueves, noviembre 5, 2026
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El extremo antes y después de los campeones del Mr. Olympia: el precio que pagó la “generación dorada” para construir sus impactantes cuerpos

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Las leyendas del culturismo transitaron caminos complejos tras abandonar la disciplina profesional

Durante las décadas de 1990 y 2000, los escenarios del Mr. Olympia dejaron de premiar exclusivamente la simetría clásica para abrirle paso a una era en la que el tamaño muscular se convirtió en una obsesión. Hombres como Dorian Yates y Ronnie Coleman alteraron el paradigma de la hipertrofia humana, compitiendo con más de 130 kilos y empujando las fronteras del entrenamiento de fuerza. Sin embargo, levantar toneladas de peso y mantener aquellos físicos monumentales no fue gratis. Décadas después de bajarse de la tarima, el espejo devuelve una realidad diferente: cirugías múltiples, lesiones, problemas de movilidad y una relación con el propio cuerpo que cambió para siempre.

Lee Haney recibió un transplante de riñón recientemente

Antes de que los músculos adquirieran dimensiones extraordinarias, Lee Haney había establecido un dominio que parecía imposible de superar. Entre 1984 y 1991 conquistó ocho títulos consecutivos de Mr. Olympia, igualando el récord que posteriormente alcanzaría Ronnie Coleman.

Haney representó una transición entre el culturismo clásico y la nueva generación de cuerpos gigantescos. Su filosofía de entrenamiento quedó resumida en una frase que se convirtió en una referencia para varias generaciones: estimular el músculo, no destruirlo.

Durante décadas fue considerado uno de los ejemplos más favorables de longevidad física entre los grandes campeones. Sin embargo, en marzo de 2026, a los 66 años, comunicó que necesitaba un trasplante de riñón. Según explicó, había recibido ese diagnóstico potencial desde hacía años y consiguió postergar la intervención mediante un estilo de vida que atribuyó a la fe, la alimentación y el ejercicio.

El anuncio introdujo una nueva dimensión en su historia. Su experiencia no permite afirmar que el culturismo extremo garantice una vejez saludable, pero tampoco demuestra que su enfermedad renal haya sido provocada por la competición. Haney continúa activo en el mundo del fitness y se mostró agradecido por el apoyo recibido mientras afronta este desafío médico.

“No sé si esto es algo que se suele comentar en el mundo del culturismo, pero la semana pasada, durante mi revisión trimestral, me llamaron la atención sobre mis riñones. El tipo de dieta que seguimos, con su alto contenido proteico, y el hecho de que alguien tome esteroides o no, afecta a los riñones”, explicaba. A principios de octubre apareció un donante.

Dorian Yates confirmó el uso de esteroides en el deporte

En 1992, Dorian Yates inauguró una etapa que modificaría para siempre la estética del Mr. Olympia. Durante seis años consecutivos, hasta 1997, el británico impuso un físico que parecía pertenecer a otra categoría biológica. Su espalda, la densidad muscular y el volumen general del cuerpo establecieron un nuevo estándar. La simetría clásica seguía siendo importante, pero el tamaño comenzaba a adquirir un protagonismo determinante.

Yates también revolucionó el entrenamiento mediante el sistema Heavy Duty, caracterizado por un volumen relativamente reducido de trabajo y una intensidad extrema, con series llevadas cerca del fallo muscular o hasta alcanzarlo. Su filosofía exigía un esfuerzo extraordinario en cada repetición.

El precio comenzó a manifestarse antes de su retiro. Sufrió desgarros severos en el bíceps y el tríceps, lesiones que condicionaron su carrera y contribuyeron a su decisión de abandonar la competición en 1997, cuando tenía 35 años. Pero su historia no terminó en los gimnasios. En una entrevista con el podcast Balance My Hormone, publicada en marzo de 2026, Yates reveló otra consecuencia de su transición hacia la vida fuera del escenario: una profunda depresión que se prolongó durante aproximadamente un año.

El británico había prometido utilizar esteroides únicamente durante su carrera profesional. Al retirarse, decidió suspenderlos, pero interpretaba que comenzar una terapia de reemplazo de testosterona (TRT) significaba incumplir aquella promesa. “Entré en una profunda y oscura depresión que me tomó cerca de un año”, explicó.

Yates reconoció que sus niveles hormonales habían quedado extremadamente bajos después de interrumpir el consumo y que encontró una orientación limitada entre los endocrinólogos convencionales sobre cómo recuperarse del uso crónico de esteroides. Finalmente, decidió comenzar una terapia de reemplazo hormonal. Según su testimonio, en aproximadamente un mes experimentó una mejoría significativa en su estado mental. La reflexión que dejó en aquella conversación resume su transformación: “A estas alturas de mi vida, lo único que me importa es mantenerme saludable”. Con 64 años, ya no busca construir más músculo ni alcanzar niveles extraordinarios de testosterona. Su prioridad es el bienestar.

Coleman se entrena para volver a caminar

Si existe una historia que representa de manera dramática el costo de la era de los Mass Monsters, es la de Ronnie Coleman.

Entre 1998 y 2005 conquistó ocho títulos consecutivos de Mr. Olympia. Su combinación de tamaño, fuerza y definición estableció un estándar que todavía hoy resulta difícil de igualar. En su apogeo superaba los 130 kilos de peso corporal y realizaba sentadillas con cargas que excedían ampliamente los 350 kilos.

Pero sus problemas físicos no comenzaron después de retirarse. Coleman arrastraba molestias de espalda desde su juventud y en diciembre de 1996 sufrió una hernia de disco mientras realizaba sentadillas con 270 kilos. A pesar de las recomendaciones médicas, continuó entrenando con cargas extremas y posteriormente alcanzó la cima del culturismo.

La decisión de seguir adelante tuvo consecuencias que se prolongaron durante décadas. Desde su retiro, Coleman atravesó una extensa sucesión de intervenciones quirúrgicas en la columna, las caderas y el cuello. En distintas entrevistas habló de más de una docena de operaciones, incluidas complejas fijaciones vertebrales con tornillos y procedimientos destinados a recuperar la movilidad.

La acumulación de problemas y cirugías deterioró progresivamente su capacidad para caminar. Desde hace años utiliza silla de ruedas o muletas para desplazarse y convive con limitaciones físicas importantes. En 2025, sin embargo, compartió una noticia que volvió a despertar la esperanza de sus seguidores: sus médicos consideraban posible que recuperara la capacidad de caminar. Se propuso alcanzar ese objetivo en enero de 2027 y continuó entrenando seis días por semana, además de realizar rehabilitación.

Coleman, de 62 años, no atribuye necesariamente todos sus problemas a un ejercicio o una carga específica. Su caso refleja la combinación de antecedentes, lesiones, exigencias competitivas y procedimientos quirúrgicos acumulados. Pero también expone una pregunta que atraviesa toda la historia del culturismo extremo: ¿hasta qué punto el deseo de superar los límites puede terminar comprometiendo la funcionalidad del cuerpo?

Cutler se retiró a los 40 años y se dedicó a sus empresas minimizando la exigente rutina de entrenamientos

La rivalidad entre Ronnie Coleman y Jay Cutler definió buena parte de la década de 2000. Cutler fue subcampeón en varias oportunidades antes de conseguir finalmente el título en 2006.

Después de ganar en 2007, perdió la corona ante Dexter Jackson en 2008 y protagonizó uno de los regresos más memorables de la historia del deporte al recuperarla en 2009. En 2010 obtuvo su cuarto y último Mr. Olympia.

Su carrera también estuvo marcada por lesiones. En 2011 sufrió un problema en el bíceps y posteriormente abandonó la competición, aunque continuó vinculado al entrenamiento. Cutler se retiró formalmente de los escenarios en 2013, a los 40 años. Desde entonces construyó una trayectoria empresarial alrededor de sus marcas, el contenido digital y el desarrollo de productos relacionados con el fitness.

Su físico continúa siendo imponente a sus 53 años, pero su entrenamiento actual es diferente al que realizaba durante sus preparaciones competitivas. En julio de 2025 compartió su rutina de retiro y volvió a insistir en una idea que atraviesa la experiencia de los atletas veteranos: entrenar, alimentarse y descansar forman parte de un mismo proceso.

Su caso ofrece un contraste con Coleman. No significa que Cutler haya escapado de todas las lesiones ni que su estrategia garantice una salud perfecta. Pero representa la posibilidad de abandonar la competición sin que la carrera profesional determine por completo el resto de la vida.

Jackson promueve el descanso, la alimentación y las fases etarias de entrenamiento

En 2008, Dexter Jackson interrumpió el reinado de Jay Cutler y conquistó su único Mr. Olympia. Sin embargo, su legado no se limita a aquel triunfo.

Apodado The Blade por su extraordinaria definición muscular, Jackson construyó una carrera profesional excepcionalmente longeva. Continuó compitiendo en el máximo nivel hasta los 51 años y se retiró definitivamente de los escenarios en 2020.

Una de las claves de su estrategia fue modificar progresivamente el entrenamiento. En entrevistas con medios especializados, Jackson explicó que abandonó buena parte de los movimientos compuestos más pesados que había realizado durante sus primeros años y comenzó a utilizar principalmente máquinas, poleas y ejercicios de aislamiento.

También atribuyó importancia a los períodos prolongados de descanso entre competiciones. “Pasé de hacer todos esos movimientos compuestos pesados durante los primeros años y pasé a hacer principalmente trabajo en máquinas en los últimos 10 años de mi carrera”, explicó en una entrevista difundida por Generation Iron.

Jackson, con 56 años, considera que el cambio le permitió mantener su musculatura sin depender de las cargas extremas que había utilizado en su juventud. Su experiencia es interesante, aunque no constituye una demostración científica de que las máquinas eviten lesiones. La biomecánica, la técnica, la recuperación y las características individuales influyen en la respuesta al entrenamiento.

Lo que sí resulta evidente es que Jackson adaptó su estrategia a medida que envejecía, en lugar de intentar reproducir indefinidamente las exigencias de sus primeros años.

Heath se sometió a una cirugía por una doble hernia de disco

La generación posterior encontró en Phil Heath a uno de sus máximos exponentes. Entre 2011 y 2017 conquistó siete títulos consecutivos de Mr. Olympia y prolongó la era de los físicos extraordinariamente voluminosos.

Sin embargo, su historia también estuvo marcada por un episodio médico que afectó directamente su carrera. Después del Mr. Olympia de 2017, Heath reveló que había sido sometido a una cirugía por una doble hernia. El propio culturista explicó que había sospechado que algo no estaba bien durante la preparación, aunque logró competir sin percibir una limitación evidente en el escenario.

El episodio volvió a manifestarse en 2018, cuando atravesó otra intervención. En una entrevista posterior, reconoció que las cirugías y las consecuencias estéticas de las cicatrices influyeron en su relación con la competición.

Su historia permite comprender otra dimensión del culturismo: la exigencia de presentar un cuerpo prácticamente perfecto puede transformar incluso una recuperación médica en una preocupación competitiva. A sus 46 años, Heath continúa vinculado al mundo del fitness, las conferencias y los proyectos empresariales. Aunque no compite desde hace años, nunca convirtió su alejamiento de los escenarios en un anuncio definitivo de retiro.

Lee Haney atravesó décadas de retiro antes de comunicar su necesidad de un trasplante renal. Dorian Yates debió reconstruir su relación con la salud después de una depresión y de la transición hormonal posterior a su carrera. Ronnie Coleman continúa luchando por recuperar movilidad. Jay Cutler encontró una nueva vida fuera de los escenarios. Dexter Jackson adaptó sus entrenamientos para prolongar su carrera y Phil Heath enfrentó complicaciones médicas que condicionaron sus últimos años competitivos.

Detrás de esas experiencias individuales existe, sin embargo, un contexto que la medicina viene estudiando. Una declaración científica de la Endocrine Society relacionó el uso de esteroides anabólicos en dosis suprafisiológicas con riesgos cardiovasculares, endocrinos, psiquiátricos, metabólicos, renales y musculoesqueléticos. Además, un estudio publicado en 2025 en el European Heart Journal, que analizó a más de 20.000 atletas de culturismo, identificó una mayor incidencia de muerte súbita cardíaca entre los profesionales que entre los amateurs.

Esos hallazgos no permiten atribuir automáticamente cada enfermedad a una sustancia, una rutina o una competición. Pero sí muestran que el desarrollo muscular extremo no puede analizarse únicamente desde la estética o el rendimiento.

El culturismo construyó algunos de los cuerpos más extraordinarios de la historia del deporte. También dejó historias de hombres que debieron aprender a convivir con un organismo diferente después de alcanzar la cima. Porque para algunos de aquellos hombres que anteriormente parecieron invencibles, el verdadero desafío comenzó cuando dejaron de competir.

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