Enrique Shaw: el empresario argentino y una curación inexplicable
Fue empresario, esposo, padre de nueve hijos y oficial de la Armada. Nacido en 1921 en el Ritz de París, Enrique Shaw entendió la empresa de un modo radicalmente distinto al habitual: no como una máquina de lucro, sino como una comunidad de personas.
Convencido de que el trabajo debía estar al servicio de la dignidad humana, promovió relaciones laborales basadas en el diálogo, la justicia y el respeto, incluso en contextos de fuerte conflictividad social. Fue uno de los principales impulsores del salario familiar en la Argentina.
Fue fundador y primer presidente de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE), desde donde impulsó con fuerza la Doctrina Social de la Iglesia en el corazón del mundo económico argentino.
Décadas después de su muerte, su nombre quedó asociado a la extraordinaria recuperación de un niño argentino.
El niño de cinco años jugaba cerca de un corral cuando ocurrió un hecho tan inesperado como brutal: un caballo, asustado por la presencia de una víbora, lanzó una violenta patada que impactó de lleno en su cabeza. El golpe fue devastador y le provocó una lesión craneana gravísima.
Lo subieron a una camioneta y emprendieron una carrera contra el reloj. Durante el trayecto, buscaron ayuda en distintos puntos: Suipacha, Chivilcoy y otros pueblos intermedios. En Chivilcoy ocurrió el primer hecho decisivo: dos médicas, exoficiales de la Fuerza Aérea y con experiencia en trauma, lograron provocar una reacción vital mínima, suficiente para que el niño pudiera resistir el traslado posterior en avión sanitario.
Gracias a esa intervención, el niño logró llegar con vida al Hospital Universitario Austral, en Buenos Aires. Al ingresar al Austral, el pronóstico era sombrío. Un médico advirtió a la familia que el estado del niño era tan grave que quizás no convenía siquiera intervenirlo, insinuando que podía estar ya clínicamente muerto.
En medio de la angustia y sin pronóstico alentador, la familia comenzó a pedir la intercesión del empresario argentino Enrique Shaw. Fue en ese momento límite cuando el padre realizó un gesto interior decisivo. Con una fe absoluta, se encomendó a la intercesión de Enrique Shaw, pidiendo que su hijo sobreviviera.
Durante 45 días, el niño permaneció internado en estado crítico. Fue sometido a cinco cirugías cerebrales para drenar líquido acumulado por la hipertensión intracraneana, además de otros procedimientos menores. Pero la situación no se estabilizó.
Finalmente, el equipo médico tomó una decisión extrema: implantar una válvula de drenaje permanente en el cerebro. No había otra alternativa viable.
Minutos antes de entrar al quirófano, el cirujano realizó una verificación final de rutina. Al hacerlo, descubrió algo absolutamente inesperado: el líquido comenzó a drenar de manera espontánea y normal. La presión intracraneana se había regularizado sola. La válvula ya no era necesaria. La cirugía se suspendió. El niño se recuperó rápidamente y volvió a su vida normal.
Hoy, aquel niño, convertido en adolescente, lleva una vida normal y sin secuelas. Una curación que la ciencia no logró explicar y que fue reconocida por la Iglesia, a través de un decreto publicado el jueves 18 de diciembre de 2025, como un milagro atribuido a Enrique Shaw, abriendo así el camino a su beatificación.

El milagro del cardenal Pironio
Otro argentino cuyo camino hacia los altares estuvo marcado por la curación extraordinaria de un niño fue el cardenal Eduardo Francisco Pironio.
Nacido en 1920 en la localidad bonaerense de 9 de Julio, Pironio fue una de las figuras más destacadas de la Iglesia argentina. Desarrolló buena parte de su misión en el Vaticano y tuvo un papel fundamental en el impulso de las Jornadas Mundiales de la Juventud. Falleció en Roma en 1998.
En su caso, la curación extraordinaria reconocida como milagro por el Vaticano ocurrió a principios de diciembre de 2006 en Mar del Plata.
El protagonista es el pequeño Juan Manuel Franco, de 15 meses, que ingresó al hospital en gravísimas condiciones tras haber inhalado purpurina, un polvo que la madre estaba utilizando para un trabajo manual.
Los médicos desahuciaron a Laura y Mariano Franco, los padres del pequeño paciente, y les dijeron que era imposible sobrevivir a ese tipo de intoxicación.
El niño fue sometido a asistencia respiratoria y coma inducido por padecer un síndrome de dificultad respiratoria aguda. Los análisis confirmaron la presencia de trazas de plomo, zinc y cobre que revalidaron el trágico panorama.
“Si saben rezar, recen”, dijo el médico a los padres de Juan Manuel.
Los padres comenzaron a rezar pidiendo la intercesión de Pironio, con una estampita del cardenal que les regaló un sacerdote, e involucraron también a todos sus familiares y amigos.
La recuperación del niño comenzó en los días siguientes. Pudo respirar espontáneamente y, tras una evolución favorable, fue dado de alta del hospital. Mejoró tan rápidamente que los médicos no pudieron dar una explicación científica.
Esta curación inexplicable fue considerada un milagro y posibilitó que el cardenal Pironio fuera beatificado el 16 de diciembre de 2023, en una ceremonia frente a la Basílica de Nuestra Señora de Luján.
Una historia con el papa Francisco como protagonista
El viernes 25 de abril de 2025, mientras el mundo despedía al papa Francisco en Roma, Romina Ventureira, de la localidad de Los Telares —una ciudad del sur santiagueño ubicada a unos 272 kilómetros de la capital provincial—, vivía la peor escena que ninguna madre quiere atravesar.
Su pequeño hijo, Lionel Coronel Ventureira, de apenas dos años, había caído en una cisterna de casi dos metros.
El pequeño se encontraba jugando en el patio de su abuela materna cuando sufrió el accidente: cayó en una cisterna de 1,80 metros de profundidad, llena de agua, donde permaneció durante cinco minutos flotando sin signos vitales aparentes.
“Mi mamá se arrojó a la cisterna, sacó a Lionel de una pierna, le hizo respiración boca a boca y, como pudo, lo llevó al hospital”, recordó Romina Ventureira, la mamá del niño, en una entrevista para Infobae.
El niño no reaccionaba cuando la madre, desesperada, llegó al hospital de Los Telares, donde se encontró con el doctor Ricardo García Villaverde.
Ante la gravedad del cuadro, el médico inició la atención de urgencia y dispuso el traslado a un centro de mayor complejidad.
Durante el trayecto, mientras Romina rezaba, el doctor empezó a aplaudir. García Villaverde recordó aquel momento: “En Colonia Dora, a diez minutos del hospital (de Añatuya), el chico ya centraliza el eje del cuello con el tórax y la cabeza. Entonces aplaudo y miro a la madre levantando el pulgar. Ella, en ese trayecto, relata que iba con las manos implorando por la salud de su hijo, y que se le representa la imagen del Papa, de espaldas”.
“Cuando llegamos a Añatuya se lo presento al médico y le digo: ‘Te lo dejo en buen estado, pero no me preguntes ni cómo vive ni cómo ha sucedido esto, porque para mí es un milagro’”, afirmó, conmovido, el doctor García Villaverde, al borde de las lágrimas.
Posteriormente, el doctor les dijo a Romina y a sus familiares: “En lo que sea que crean, sigan creyendo, porque Lionel es un milagro. Es un milagro que esté vivo”.
Tras distintos chequeos médicos en los centros de salud, el niño regresó a su casa después del trágico accidente. Hoy, Lionel hace una vida normal, sin secuelas.
A diferencia de las curaciones atribuidas a Enrique Shaw y al cardenal Pironio, el caso de Lionel no ha sido reconocido oficialmente como un milagro por la Iglesia. Se trata de un testimonio familiar que atribuye su recuperación a la intercesión del papa Francisco.
Su muerte es todavía reciente y un eventual proceso de canonización requeriría las investigaciones y etapas correspondientes. Sin embargo, para Romina, lo que ocurrió aquel 25 de abril tiene un significado que va mucho más allá de las explicaciones médicas: “Estoy segura de que el Papa ha intercedido por mi hijo”, afirmó entre lágrimas la mamá de Lionel.
Aunque todavía es muy pronto para pensar en una eventual canonización del papa Francisco, fallecido recientemente, la historia de Lionel podría adquirir relevancia en un futuro proceso de investigación sobre posibles milagros atribuidos a su intercesión.

¿Cómo se inicia el camino a una canonización?
Los santos son hombres y mujeres, niños, jóvenes, adultos y ancianos que han vivido de manera tal que en torno a ellos —e incluso más allá del ámbito en el que han vivido— se ha diseminado una verdadera fama de santidad.
La Iglesia pide que se introduzcan causas de beatificación de fieles que hayan fallecido con fama de santidad, y que esta sea constante y difundida en diversos lugares.
Para introducir una causa de beatificación, se exige que transcurran cinco años desde la muerte del fiel y que no hayan pasado cincuenta años. El Papa puede dispensar del plazo de cinco años. En los últimos años se han dado dos dispensas: una concedida por Juan Pablo II para iniciar el proceso de la Madre Teresa de Calcuta, y otra por Benedicto XVI para iniciar el proceso de canonización de Juan Pablo II.
En la previa a la visita histórica del papa León XIV a la Argentina, recordamos los santos que marcan su espiritualidad: san Agustín de Hipona. Entre sus devociones más entrañables se encuentran san Martín de Porres, santo Toribio de Mogrovejo, san Óscar Arnulfo Romero, san Tomás de Villanueva y el joven san Pier Giorgio Frassati. Distintos testimonios de santidad, muchos ligados a Sudamérica.



