
El viernes 25 de septiembre, en la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, se realizó una experiencia sobre el General Julio A. Roca y la inteligencia artificial, teniendo como base el libro Soy Roca del prestigioso historiador Félix Luna.
El acto tuvo lugar en el marco de la conmemoración por los cien años del nacimiento del escritor, que fue Académico de Número de esa institución.
Sobre la base del texto del libro de Luna —probablemente la mejor biografía novelada sobre el único presidente que gobernó doce años a través de dos mandatos intermedios— se generó un programa de inteligencia artificial que responde preguntas como si fuera el General Roca, siempre dentro de la caracterización que ofrece de él el libro de Luna y con información complementaria de internet.
La programación del chatbot para que Roca respondera a las preguntas fue realizada por el especialista Enrique Fraga, quien articuló esta relación entre historia e inteligencia artificial. La misma plantea nuevas líneas potenciales de investigación.

La actividad principal consistió en probar los alcances de esta innovación a través de preguntas. Por ejemplo, al no haber grabaciones de la voz de Roca —de hecho, preguntado sobre este tema, él mismo confirmó a través del programa que no la había porque en esa época no se usaba grabar a los hombres públicos— se le informó que se había utilizado como modelo la de su sobrino nieto, Gonzalo Roca, frente a lo cual el General contestó que estaba de acuerdo con ello. En el evento se encontraban presentes además otros tres sobrinos nietos de Roca: Marcos, Segundo y Mariano.
La tanda de preguntas fue iniciada por Felicitas Luna, hija del escritor. Sugirió a la IA si su padre había dado mayor o menor relevancia que la debida a aspectos o acontecimientos de su vida. El prócer dio una sola respuesta ante esta pregunta: dijo que le habría gustado que le dedicara más tiempo a su relación con Guillermina, su amante al iniciar su segundo mandato y esposa de su amigo Wilde. También aseveró que la separación impuesta por las “habladurías políticas” los había obligado a terminar esa relación (para ello, Roca designó a Wilde como representante diplomático en Holanda).

Marcos Roca preguntó cuál había sido su prioridad en política exterior y el dos veces presidente respondió que había sido generar las condiciones para la paz en América del Sur, especialmente con los encuentros que tuvo con el presidente de Chile, Errázuriz, y el de Brasil, Campos Salles, en 1899. En varias oportunidades se refirió a la necesidad de que en el país reinara el orden para alcanzar el progreso.
El General Raúl Romero, vicepresidente del Instituto Roca, preguntó sobre el concepto estratégico que usó para ganar la Batalla de Santa Rosa, clave para el fracaso de la revolución porteña de 1880. Roca respondió con palabras técnicas, al decir que buscó con un ataque indirecto evitar la masacre que habían sufrido las fuerzas argentinas en la Batalla de Curupaytí, en la cual él había participado a sus 23 años como jefe del Batallón Salta.

El presidente de la Academia, Rosendo Fraga -a la vez presidente del Instituto Roca- realizó preguntas sobre el sentido y circunstancia de sus proyectos reformistas: los logrados, como el servicio militar obligatorio, la reforma electoral por circunscripciones y el reordenamiento de los contratos con las empresas ferroviarias, y los que quedaron inconclusos, como el Código Nacional del Trabajo. En este campo el Roca de la IA señaló sus objetivos en materia de modernización del país y al mismo tiempo la resistencia de los sectores más conservadores a las mismos.
Otra pregunta formulada por Fraga fue sobre la relación con la escultora Lola Mora, mencionada por varios historiadores como otra de sus supuestas amantes durante su segundo mandato. Este rumor se sustenta por haberle dado una beca para perfeccionarse en Italia, lo que la transformó en una personalidad de relevancia internacional. Roca respondió que le había generado admiración su juventud, actitud innovadora y gran potencial. Hizo referencia al escándalo que produjo en los sectores más conservadores su escultura “La fuente de las nereidas” por sus desnudos femeninos; ello obligó a que no ocupara su lugar previsto frente al nuevo Congreso y que hoy se encuentre en la Costanera Sur de la Ciudad de Buenos Aires.

El evento continuó, con la aplicación respondiendo acertadamente preguntas de los presentes.
Daniel Hadad abrió un camino entre la historia y la inteligencia artificial, con las figuras de San Martín y Sarmiento. La experiencia de Roca continúa esta línea, ofreciendo una nueva variante que vincula las herramientas tecnológicas del presente con la experiencia del pasado.
[El autor es presidente de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas]



