La muerte de Eduardo Groh Riemersma, conocido en todo Santiago del Estero como “El Polaco”, causó una profunda conmoción en la comunidad. Tenía 49 años y era uno de los referentes más reconocidos del proteccionismo animal en la provincia. Durante casi dos décadas estuvo al frente de El Montecito de los Canichones, un refugio desde el que rescató a miles de perros abandonados.
Groh Riemersma nació en la ciudad de Bandera y había iniciado sus estudios de Ingeniería Forestal en la Universidad Nacional de Santiago del Estero (UNSE), aunque no llegó a graduarse porque más tarde se trasladó a Alemania.
Su vínculo con el rescate de animales surgió a partir de una experiencia atravesada por el dolor. Tras la muerte de su perra dogo, su suegro le regaló un perro rescatado de la calle, un gesto que, según contaba, marcó un antes y un después en su vida.
“Yo era un tipo que estaba concentrado en el trabajo, como con tapa ojos, y ahí fue que miré a los costados y me dije: ‘¿Qué hace este perro? ¿De dónde salió?’. Ahí hice un clic y me encontré con situaciones terribles de perros rescatados”, recordó en una oportunidad, según las declaraciones recopiladas por Diario Panorama.

A ese cambio personal se sumó otro episodio determinante, debido a que cuando era estudiante, fue atropellado a la salida de un boliche, estuvo en coma, sufrió dos infartos y tardó un año en volver a caminar. Aquella experiencia terminó de reforzar su necesidad de comprometerse con los demás y lo llevó a dedicarse de lleno al rescate animal.
Fue así que el refugio comenzó a funcionar en 2006. Primero lo hizo en su Bandera natal y luego se trasladó a la Ruta 16, en el departamento La Banda. Sobre ese lugar, Eduardo solía decir: “Agradezco mucho a mis amigos que me ayudan aquí en La Banda, porque aunque yo soy de allá, esta es mi casa”.
Con los años, El Montecito de los Canichones se transformó en un emblema de la defensa y el cuidado animal en Santiago del Estero. Fue el propio “El Polaco” quien popularizó el término “canichones” para referirse a los perros callejeros, y así bautizó también al refugio, que llegó a albergar a más de 400 animales, entre ellos muchos con discapacidades motrices o sensoriales y otros de edad avanzada.
En ese proyecto, lo acompañó Facundo Herrera Gerardi, parte fundamental del trabajo cotidiano en el predio. “Él me hizo partícipe y hoy El Montecito de los Canichones es nuestro sueño cumplido, porque esto es una alegría grande: poder ayudar a estos animales”, expresó en su momento. Tanto Eduardo como Facundo solían destacar el acompañamiento de la comunidad, clave para sostener el refugio: “Esto se hace con la colaboración de toda la gente, porque esto se hace entre todos. Es muy valioso todo lo que puedan ayudar”.
El sostenimiento del espacio dependía, además, del aporte solidario de miles de madrinas y padrinos, así como de charlas, cursos y talleres de concientización sobre maltrato animal que el propio Groh Riemersma brindaba en escuelas de Capital y La Banda.
Cada perro que encontraba refugio en El Montecito llegaba con una historia a cuestas, muchas veces atravesada por la violencia y el abandono. Eduardo solía recordar algunos de los casos más dolorosos. “La historia más dura es la de Fidel, porque un nene de 8 años le echó nafta y le prendió fuego”, había relatado.
Para él, la tarea tenía un sentido profundo. “Yo me siento completamente libre y feliz. Hoy la gente está muy enfrascada en el materialismo, pero yo dejo todo en el camino y consagramos nuestra vida a luchar por estos animales”, decía.
En distintas entrevistas, “El Polaco” remarcó que sostener un refugio de esas dimensiones implicaba mucho más que albergar perros. Requería atención veterinaria, alimento, contención y cuidados permanentes, sin descanso ni feriados.
De hecho, en el último video que publicó horas antes de sufrir el accidente que terminaría con su vida, se lo vio mientras llevaba a una tropa de canichones a la peluquería canina. “Así salimos hoy de Narnia rumbo a la pelu con los flequilludos!!”, escribió en Instagram. También había prometido mostrar los resultados, pero fue una tarea que le quedó pendiente.
El día previo al choque, “El Polaco” también había participado de una recorrida, en donde entregó bolsones de alimento balanceado para perros junto a varios voluntarios. “Un ángel anónimo me donó 2 pallets de Dog Selection (80 bolsas) y los canichones decidimos donárselo a mi gente de oro”, contó al hacer referencia a otros refugios que funcionan en la capital.
“Gracias por el laburazo que hacen, chicos!! Me hacen acordar a cuando yo comencé esta lucha!! Por eso los ayudo!!”, se sinceró Groh Riemersma. Incluso, ese mismo día, también hizo el que sería su último rescate canino, el de una perra a la que bautizaron como Martina.
En otra publicación, “El Polaco” contó: “Y nuevamente el camino nos volvió a cruzar con angelitos desamparados”, al indicar que se la toparon mientras repartían las bolsas de alimento. “La cargué en la camioneta y se vino conmigo!! Bienvenida Martina. Te amamos!!”, escribió mientras viajaba con la canina.
Su muerte, ocurrida tras el grave accidente de tránsito que sufrió este jueves tras derrapar con su moto en la rotonda de avenida Alsina y Ramón Gómez Cornet, dejó un vacío profundo en la comunidad proteccionista y abrió interrogantes sobre el futuro del refugio que fundó y sostuvo a lo largo de toda su vida. Asimismo, las causas detrás del accidente continúan bajo investigación judicial.



