viernes, septiembre 4, 2026
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De la gran familia numerosa a la vejez sin nietos: el quiebre histórico de la demografía argentina

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La natalidad argentina cayó a 8,9 por mil habitantes en 2024 y los nacimientos bajaron de 777.012 a 413.135 en una década.

La natalidad argentina cayó a 8,9 por mil habitantes en 2024 y, según el historiador Camilo Scaglia, ese desplome abre una situación inédita para una generación que esperaba envejecer con una familia amplia: vivir más años, pero con menos hijos y, por primera vez, con la posibilidad concreta de no tener nietos.

Entre 2014 y 2024, los nacimientos anuales pasaron de 777.012 a 413.135, una baja del 47% en una década, mientras la tasa descendió de 17,9 a 16,7 nacidos vivos por cada mil habitantes en 2016 y encadenó nueve años consecutivos de caída hasta el nivel actual.

Scaglia ubica ahí la ruptura de una normalidad demográfica que había durado décadas. Para quienes hoy tienen entre 60 y 75 años, marca la distancia entre la casa en la que crecieron, con muchos hermanos, y la que formaron después, con uno o dos hijos y, en muchos casos, sin la continuidad familiar que daban por descontada.

La caída más rápida no ocurrió hace un siglo, sino en los últimos diez años

Scaglia recordó que la demografía permite anticipar procesos de largo alcance y planteó que el caso argentino muestra una aceleración reciente. “La transición demográfica argentina fue temprana en el contexto regional. Ya desde la época de la Primera Guerra Mundial, en plena expansión del radicalismo yrigoyenista, la tasa de natalidad empezó un descenso marcado, ligado a la urbanización creciente, a la caída de la inmigración con la Gran Guerra y a los primeros cambios en los hábitos reproductivos de las familias criollas e inmigrantes ya asentadas”, aseguró.

Antes de esa transición, la fecundidad rondaba los siete hijos por mujer a fines del siglo XIX. Según Scaglia, ese nivel no respondía a una preferencia familiar sino a un contexto de alta mortalidad infantil, economía agraria y llegada masiva de parejas jóvenes por la inmigración europea.

Inmigrantes europeos a su llegada a la Argentina, a comienzos del siglo XX, en un período marcado por la expansión demográfica y la formación de familias numerosas.

El historiador describió que los abuelos y bisabuelos de la actual generación mayor provenían de familias de ocho, 10 o más hermanos, en las que varios hijos no llegaban a la adultez. En ese período, la expectativa de vida al nacer apenas rondaba los 50 años a comienzos del siglo XX.

En su reconstrucción, el descenso se frenó hacia 1947 y la fecundidad se estabilizó durante el primer peronismo. Más tarde, ubicó un baby boom argentino “pequeño pero real” en la segunda mitad de los años 70, asociado a políticas pronatalistas del tercer gobierno peronista que continuaron durante buena parte de la dictadura, entre 1974 y comienzos de los años 80, según estudios de Unicef, UNFPA y Cippec.

La caída de la natalidad en Argentina encadenó nueve años consecutivos de baja desde 2016 y marcó una ruptura en la dinámica demográfica.

La generación silver creció entre hermanos y entra a la vejez con menos familia disponible

Quienes nacieron entre los 40 y los 60 integran la base más numerosa de la actual generación silver. Crecieron en hogares de tres, cuatro o más hermanos, en un país donde el tamaño promedio del hogar rondaba las 4,5 personas.

Scaglia resumió ese contraste con una idea de continuidad rota. “Entre los años 70 y 2015, la tasa de natalidad argentina se mantuvo relativamente estable, oscilando entre 17,8 y 19,3 nacidos vivos por cada mil habitantes. Fue el período en que esa misma generación formó pareja, tuvo sus propios hijos y encontró en el país un ritmo demográfico previsible, incluso en medio de crisis económicas y cambios de régimen político”.

En ese tramo, añadió, predominaban familias de dos o tres hijos y seguía vigente la expectativa de que la vejez estaría acompañada por nietos. Para Scaglia, esa certeza empezó a quebrarse en 2016, cuando el descenso dejó de ser gradual y se volvió persistente.

La tasa global de fecundidad acompañó esa caída: pasó de 2,3 hijos por mujer en 2010 a 1,36 en 2023, por debajo del nivel de reemplazo de 2,1. Un informe de la Universidad Austral registró además un viraje cultural: la proporción de personas que asigna alta importancia a tener y criar hijos bajó del 77% en 2015 al 46% en 2025, y entre los jóvenes de 18 a 34 años cayó al 34%.

La esperanza de vida en Argentina llegó a 77,5 años en 2024 y el envejecimiento poblacional elevó la presión sobre el sistema previsional. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Qué factores explican la caída de la natalidad

Citado por Scaglia, Gustavo Peretti, profesor de Geografía de la Universidad Nacional del Litoral e investigador especializado en problemáticas sociales, dijo a un medio santafesino que “la caída de la tasa es un fenómeno que hay que verlo a largo plazo, pero lo que se observa es un descenso brusco en los últimos diez años”. Según el especialista, la legalización del aborto no explica el fenómeno y pesan más el desarrollo profesional, la emancipación tardía de los jóvenes respecto del hogar de sus padres y los vaivenes económicos.

Camilo Scaglia dijo que la generación silver argentina enfrenta una paradoja: va a vivir más años que sus padres y abuelos, pero con menos red familiar para atravesar la vejez. El historiador sostuvo que el país está entrando en una etapa en la que la identidad de abuelo o abuela deja de ser una estación casi asegurada del ciclo de vida y pasa a depender de decisiones familiares mucho menos previsibles.

Más años de vida y más presión sobre un sistema previsional exigido

Scaglia planteó que la otra mitad del cambio está en la longevidad. “Mientras la natalidad caía, la esperanza de vida seguía subiendo. En 2024 llegó a 77,5 años, casi cuatro años más que en el 2000 y muy por encima de los 50 años que un argentino podía esperar vivir a comienzos del siglo pasado”.

Esa combinación, explicó, acelera el envejecimiento poblacional. En 2024, las personas mayores de 65 años representaban el 12,4% del total y la relación entre adultos mayores y menores de 15 años llegó a 57,5 por cada 100.

Scaglia ligó ese proceso al debate previsional. Recordó que entre 2004 y 2023 hubo moratorias que permitieron jubilarse a millones de personas sin los 30 años de aportes exigidos por ley, lo que elevó la cobertura previsional desde un promedio del 50% en 1996-2005 a casi 90% hacia 2010, mientras que en 2023 cerca de siete de cada diez nuevas jubilaciones se tramitaron por esa vía.

Ese esquema terminó en marzo de 2025, cuando el gobierno de Javier Milei no prorrogó la última moratoria. Desde entonces, quienes alcanzan los 65 años sin aportes suficientes acceden a la Pensión Universal para el Adulto Mayor, equivalente al 80% de la jubilación mínima e incluida la cobertura de PAMI.

Scaglia señaló que el sistema previsional convive con casi 200 regímenes de excepción y un gasto cercano al 10% del PBI. A la vez, remarcó que la otra cara del problema recibió menos desarrollo estatal: las políticas de fomento a la natalidad fueron más tímidas y una encuesta reciente mostró que el 56% de los consultados cree que las políticas públicas actuales desalientan la decisión de tener hijos.

La baja de la fecundidad combina crisis económica y mayor autonomía reproductiva

Scaglia inscribió el fenómeno argentino en una tendencia global. Citó el informe Estado de la Población Mundial 2025, del Fondo de Población de las Naciones Unidas, que relevó 14 países y concluyó que la baja de la fecundidad no responde, en la mayoría de los casos, a un rechazo de la maternidad o la paternidad, sino a barreras económicas y sociales que impiden concretar el proyecto familiar deseado.

La fecundidad en Argentina pasó de 2,3 hijos por mujer en 2010 a 1,36 en 2023 y quedó por debajo del nivel de reemplazo. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Sobre ese marco, sostuvo que la Argentina tiene una marca propia. El quiebre de 2016 coincide con una economía que dejó de crecer de manera sostenida desde 2011: el PBI per cápita cayó 12% entre 2011 y 2023 y ubicó al país en el puesto 175 sobre 192 en el ranking mundial de crecimiento de esa década.

Al mismo tiempo, señaló que la caída no puede leerse solo como efecto de la crisis. La ampliación del acceso a métodos anticonceptivos de larga duración desde 2014, la educación sexual integral y el Plan ENIA desde 2017 redujeron la fecundidad no buscada: la tasa de fecundidad adolescente cayó 61,2% en las últimas dos décadas, según la Organización Panamericana de la Salud.

Scaglia advirtió que ninguno de esos procesos alcanza por sí solo para explicar todo el fenómeno, pero sí su combinación. El estancamiento económico vuelve más difícil proyectar una crianza a largo plazo, mientras la autonomía reproductiva reduce embarazos no planificados y amplía la posibilidad de elegir no tener hijos.

En ese cruce, el historiador ubicó la novedad social más profunda. “Es una orfandad nueva y todavía sin nombre: la de quien está sano, disponible, con ganas y tiempo para acompañar una crianza, pero sin nadie a quien criar”.