
La amenaza del binomio Super Étendard–AM39 Exocet condicionó la planificación británica durante todo el conflicto de 1982. Contra ella se concibieron sucesivas operaciones de fuerzas especiales, todas dirigidas a un mismo fin material: destruir los aviones y sus misiles antes de que pudieran volver a emplearse contra la Fuerza de Tareas.
PLUM DUFF fue la fase de reconocimiento. Una patrulla del SAS (Special Air Service, las fuerzas especiales del Ejército Británico) debía ser insertada por helicóptero en Tierra del Fuego para observar Río Grande e informar sobre las defensas, la disposición de los aviones y las condiciones del terreno. El Sea King que la trasladó en la noche del 17 al 18 de mayo terminó incendiado por su propia tripulación en las cercanías de Punta Arenas, y el reconocimiento nunca llegó a concretarse.
MIKADO era la fase de asalto y dependía de aquella información. Dos Hércules debían aterrizar directamente sobre Río Grande con hasta setenta hombres del Escuadrón B del SAS, que destruirían en tierra a los Super Étendard, sus Exocet y —según el planeamiento— matarían a sus pilotos, para replegarse luego hacia territorio chileno.
La falta de inteligencia confiable, unida a las objeciones de las propias tripulaciones de los aviones, que consideraban temerario posarse de noche y sin luna sobre una pista de resistencia desconocida, terminó por imponerse: el 4 de junio la operación fue cancelada formalmente, asumiéndose que podía haber costado los dos aviones.
KETTLEDRUM, la tercera, apuntaba a Puerto Deseado y preveía la inserción de una partida del SBS desde el submarino convencional HMS Onyx, el mismo que volverá a aparecer en estas páginas. Ninguna de las tres se ejecutó en su forma prevista.
Menos conocido es que, tras la cancelación formal de MIKADO, el Reino Unido puso en marcha un cuarto proyecto, de concepción distinta a todos los anteriores, que recibió el nombre de IMPI. La documentación desclasificada permite hoy reconstruir sus rasgos esenciales.

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El punto de partida está fechado con precisión. La cancelación de MIKADO no clausuró el objetivo: junto con ella, el 4 de junio de 1982, el Ministerio de Defensa cursó un requerimiento al Comandante de la Fuerza de Tareas 317 para que elaborara un plan esquemático que permitiera a las fuerzas especiales destruir los Super Étendard, señalándose el aeródromo de Río Grande como el blanco más probable.
El estado mayor de CTF 317 comenzó entonces a trabajar en lo que sería IMPI. El documento final de planeamiento correspondiente, identificado como Ops 1/3, lleva fecha del 14 de junio: el mismo día de la rendición argentina en las islas.
Básicamente, el objetivo militar sería atacado por fuerzas especiales que llegarían tanto por aire como por mar.
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El concepto era considerablemente más sobrio: frente a los dos Hércules y los setenta hombres de MIKADO, la fase aérea de IMPI se apoyaba en un único Hércules de la Royal Air Force.
El avión debía despegar de la isla Ascensión, reabastecerse en vuelo y navegar hacia el sur siguiendo una derrota que lo llevaría al este de las islas Malvinas y luego al sur del Cabo de Hornos, antes de iniciar una aproximación a muy baja cota, por debajo de la cobertura del radar argentino, para un aterrizaje nocturno de personal de fuerzas especiales en los aeródromos designados con los nombres en clave “San José” o “Arco Iris”.
El Hércules ingresaba desde la dirección menos cubierta por la vigilancia argentina y desde la que menos se lo esperaba. El costo de esa maniobra era la autonomía, y de ahí la dependencia absoluta del reabastecimiento en vuelo.
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La identidad de “San José” y “Arco Iris” no está establecida en la documentación desclasificada. Todo indica, sin embargo, que se trataba de Río Grande y Río Gallegos, los aeródromos en los que terminaba la navegación planeada. Tratándose de un documento que en junio de 1982 seguía circulando por canales restringidos, encriptar el nombre de los dos blancos era una precaución elemental.
Nada de esto excluye la participación chilena en otros tramos de la operación; más bien la sugiere. El plan se conserva en una carpeta clasificada en su momento “Top Secret”, de acceso restringido al Jefe del Estado Mayor del Aire, cuyo asunto declarado es la cooperación con Chile. El encuadre contrasta, además, con la etapa anterior del planeamiento: en abril, al estudiarse las opciones para una inserción aérea de fuerzas especiales, se había considerado montar y recuperar la operación desde un aeródromo chileno, y la alternativa se descartó expresamente por razones políticas, del mismo modo que se descartó el empleo de una pista antártica tras advertir la Alta Comisión de Nueva Zelanda que el invierno austral impedía un vuelo transpolar seguro.
Que, dos meses más tarde, el plan resultante repose justamente en el legajo de cooperación con Chile permite suponer que aquella restricción se había flexibilizado y que el territorio chileno reaparecía en el esquema, ya no como punto de inserción, sino como apoyo o recuperación. La derrota prevista lo hace verosímil: el Hércules llegaba al sur del Cabo de Hornos con el combustible al límite, de manera que todo el asunto debía resolverse dentro de un radio muy corto en torno a Tierra del Fuego.

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Sobre la aeronave, el documento no identifica el escuadrón asignado a IMPI, pero el expediente permite atribuirla con firmeza. El vuelo de Fuerzas Especiales que protagoniza el capítulo —cinco tripulaciones, mandadas por un jefe de escuadrilla, ejercitadas de manera regular con secciones del SAS y del SBS— aparece con el número de su escuadrón tachado, pero éste emerge sin dificultad unos párrafos más adelante, al mencionarse el entrenamiento de dos de sus tripulaciones para el Hércules C3 Mk.1P con sonda de reabastecimiento: se trataba del 47 Squadron de la RAF, con asiento en Lyneham.
El palmarés de esa unidad explica por qué era la única candidata posible.
Ya en marzo de 1982, antes de la guerra, una de sus tripulaciones había infiltrado un equipo del SAS en la base de Laarbruch durante un ejercicio de la propia estación. Con el conflicto en marcha, la puesta a punto fue vertiginosa: bajo el nombre de Ejercicio PURPLE DRAGON, dos Hércules totalmente oscurecidos se posaron al amanecer del domingo de Pascua sobre una desprevenida base de Kinloss, tras aproximarse en formación a baja cota, descargaron tropas y vehículos en puntos precisos de la pista y despegaron de inmediato; los ensayos se repitieron luego en Marham y en Binbrook.
El Ala de Ingeniería de Lyneham modificó, entretanto, las rampas de carga para acelerar la descarga, y las tripulaciones adoptaron el procedimiento de aterrizar con la puerta trasera ya abierta, mientras se practicaba la inserción por paracaídas con vuelos nocturnos a 150 pies sobre el mar.
El 13 de abril, el Ejercicio GREY MIST sumó los visores nocturnos ANVIS, adaptados a los cascos por especialistas del RAE Farnborough: en la madrugada del 14, la tripulación ya operaba con ellos a 250 pies sobre mar y tierra. El registro del escuadrón resume la jornada con una frase que vale más que cualquier glosa: seis meses de trabajo en tiempos de paz comprimidos en un solo día frenético.
A esa cultura de vuelo se sumó, en pocas semanas, la capacidad de alcance. La salida del 16 de mayo que lanzó a la patrulla de PLUM DUFF sobre el Fort Austin fue la primera operativa de un Hércules con reabastecimiento en vuelo: 3.150 millas náuticas hasta el punto de lanzamiento, veinticuatro horas y cinco minutos en el aire y dos Victor K2 que le transfirieron unas 35.000 libras de combustible a 1.800 millas de Ascensión. Sin esa demostración, IMPI no habría sido siquiera formulable.
El 47 Squadron conservaría el rol de apoyo aéreo a las fuerzas especiales británicas durante las décadas siguientes: en 1982 no se improvisaba nada, se empleaba a la única unidad que llevaba años haciéndolo.

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La segunda originalidad del plan estaba bajo el agua. El apoyo a la navegación aérea en la fase final debía prestarlo el submarino nuclear HMS Conqueror.
El 9 de junio de 1982 el Conqueror se hallaba frente a Bahía Camarones, cumpliendo funciones de piquete adelantado y a la búsqueda de blancos de oportunidad que salieran de las doce millas náuticas de aguas territoriales argentinas, con autorización para hundir cualquier buque civil que se estimara en tránsito hacia Malvinas; esa misma mañana incluso había ingresado a las aguas territoriales argentinas intentando localizar al Grupo de Tareas 79.2 de la Armada Argentina.
Ese día recibió información preparatoria sobre IMPI. Su cometido consistiría en pasar a plano periscópico y actuar como radiobaliza, ofreciendo al Hércules una referencia radioeléctrica sobre la cual afinar una navegación que, a baja cota y de noche, no admitía errores.
La imagen resultante es insólita: un submarino nuclear desplegado en misión de interdicción frente a la costa patagónica, convertido en ayuda a la navegación de un avión de transporte.
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La inserción marítima quedaba a cargo del HMS Onyx, submarino convencional que ya había participado en la Operación KETTLEDRUM. El 14 de junio, a las 0815Z, mientras se encontraba en San Carlos, el Onyx embarcó una partida de comandos del B Squadron del SAS y del SBS (estos últimos, comandos de los Royal Marines, totalizando entre ambas fuerzas diez hombres) para participar en la misión.
La idea era que el submarino emergiera a unas dos millas náuticas de la costa, de noche. Las tropas especiales usarían botes Gemini para acercarse y destruir su objetivo (aviones y misiles, si los hubiera) con armas antitanque y explosivos.

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Lo que ocurrió después ilumina la inercia de las estructuras militares. La rendición argentina en las islas se produjo ese mismo 14 de junio, horas después del embarque de los SAS y SBS en el Onyx.
Aun así, los preparativos no se detuvieron de inmediato: el 15 se realizaron desembarcos de ejercicio mediante un bote Gemini. No significa que IMPI haya llegado a ejecutarse —no lo hizo—, pero sí que, con el resultado estratégico ya decidido, la maquinaria seguía ensayando.
El propio documento británico consigna el desenlace con sequedad administrativa: la rendición de las fuerzas argentinas en las islas y el cese de las actividades hostiles de la aviación argentina determinaron la cancelación de la operación.
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Conviene advertir que todo lo anterior se reconstruye a partir de referencias laterales: la narrativa histórica de la RAF conservada en AIR 20/13036, los registros de las unidades aéreas, los diarios de los submarinos y las pocas referencias de los testigos.
El expediente específico, que contiene el plan completo con sus anexos, la identificación de los aeródromos y la secuencia de ejecución, permanece cerrado. Se trata del legajo DEFE 71/980, cuya carátula reza “Operation Corporate (Falklands Conflict): Operation IMPI” retenido en los National Archives de Kew (cerca de Londres) sin fecha prevista de apertura.
Cuarenta y cuatro años después del conflicto, la última operación especial británica de la guerra sigue siendo, en lo esencial, un documento que el Estado británico no está dispuesto a mostrar. La circunstancia no es menor: los expedientes vinculados a la cooperación con Santiago han sido, sistemáticamente, los de apertura más renuente.
Queda, entonces, una pieza que no es una variante de MIKADO sino una respuesta distinta al mismo problema. Donde aquella había apostado por la masa —dos aviones, setenta hombres, asalto directo sobre la pista enemiga—, IMPI apostaba por la discreción: un solo avión, un rodeo por el este de Malvinas y el sur del Cabo de Hornos, una toma nocturna en pistas designadas sólo por sus nombres en clave, un submarino nuclear haciendo de baliza y un submarino convencional desembarcando al resto de la partida.
Es, además, el testimonio de una obsesión. Entre el 4 y el 14 de junio de 1982, mientras se libraba la batalla final por Puerto Argentino y el desenlace terrestre se precipitaba, parte del esfuerzo de planeamiento británico seguía girando alrededor de cinco aviones franceses y sus diez tripulantes.
Que el plan llevara fecha del mismo día de la rendición, que se lo siguiera ensayando al día siguiente y que todavía hoy se conserve cerrado en Kew dice bastante sobre hasta dónde estaban dispuestos a llegar para destruir a los Super Étendard y los misiles Exocet.



