domingo, noviembre 8, 2026
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Reencuentros incómodos por la cita con León XIV en el Palacio Libertad y las primeras advertencias a Patricia Bullrich

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Javier Milei, Karina Milei y Patricia Bullrich en la Casa Rosada

El encuentro de este domingo en el Palacio Libertad será una de las primeras ocasiones en mucho tiempo en que los principales integrantes del oficialismo volverán a compartir un mismo espacio después de una sucesión de cortocircuitos que ya dejaron de ser subterráneos. La visita del papa León XIV, que llegará a la Argentina desde Uruguay, obligará a Javier Milei a convivir durante algunas horas con dos de las dirigentes con las que mantiene los vínculos más deteriorados: Victoria Villarruel y Patricia Bullrich. Pero, a diferencia de lo que ocurre con la vicepresidenta, cuya ruptura con el Presidente se da prácticamente por consumada, el caso de la senadora todavía tiene capítulos abiertos. Y esta vez empezaron a aparecer advertencias que hasta hace poco nadie se animaba a formular en voz alta.

El domingo será, además, una jornada de contacto entre libertarios enfrentados. La recepción institucional del Papa está prevista para las 18.30 en el Palacio Libertad, con la presencia de Milei, su gabinete, legisladores de todos los espacios políticos, gobernadores, autoridades nacionales, representantes de la sociedad civil y del cuerpo diplomático. También fue invitada Villarruel. El encuentro concluirá con unas palabras del Presidente y del Pontífice, que serán transmitidas por cadena nacional. Al día siguiente, ambos volverán a coincidir en la misa que León XIV celebrará a las 11.30 en el Monumento a los Españoles, en Palermo.

En el entorno de Bullrich saben que buena parte de las miradas estarán puestas sobre ella. Incluso hubo bromas anticipadas sobre la ropa que elegirá para las actividades religiosas. “Patricia bromeaba esta semana con que, si se pone la misma capa que Karina, van a hacer interpretaciones sobre eso”, contó alguien que la conoce. Aunque en su círculo no descartaban ayer que, por cuestiones personales, finalmente no pudiera asistir a esa actividad.

Javier Milei se reunió con Patricia Bullrich en la Quinta de Olivos (@PatoBullrich)

La última vez que Milei y Bullrich se vieron personalmente fue el 9 de octubre, en una reunión de más de dos horas en la Quinta de Olivos. La senadora había hablado entonces de una “conversación profunda” y de haber planteado todos los temas que venía reclamando. Pero en el Gobierno reconocen que el encuentro no dejó el resultado esperado.

La distancia se profundizó desde entonces. No hubo reunión de la mesa política durante las últimas dos semanas y tampoco está previsto que se junten en los próximos días. En el oficialismo atribuyeron las suspensiones a cuestiones de agenda, vinculadas con los viajes nacionales e internacionales de Karina Milei y, ahora, con la visita papal. Pero dirigentes que conocen de cerca el funcionamiento de la cúpula libertaria sostienen que la secretaria general de la Presidencia no tiene ningún interés en volver a sentarse con Bullrich.

La senadora, mientras tanto, no hizo demasiado para bajar la temperatura. Por el contrario, acumuló movimientos y declaraciones que en la Casa Rosada interpretaron como una decisión deliberada de seguir marcando diferencias con el Presidente. El problema para el Gobierno es que esa estrategia se desplegó, además, en una semana especialmente adversa para los principales aliados internacionales de Milei.

Para el Presidente, la política internacional ocupa un lugar casi tan importante como la doméstica. Y en los últimos días recibió una sucesión de noticias difíciles de procesar para su esquema de alianzas: Donald Trump sufrió una derrota contundente en las elecciones legislativas de Estados Unidos, Luiz Inácio Lula da Silva le ganó a Flávio Bolsonaro en el balotaje brasileño y Benjamín Netanyahu quedó sin una mayoría parlamentaria propia en Israel. A eso se sumó la crisis paraguaya, que terminó con la destitución de Santiago Peña, su renuncia rechazada por el Congreso y su posterior detención domiciliaria en el marco de una investigación por presuntos hechos de corrupción vinculados al caso Ueno Bank.

En Balcarce 50 eligieron el silencio. “Sin comentarios”, fue la respuesta que repitieron distintas fuentes consultadas sobre los resultados electorales y las crisis políticas de los aliados internacionales. Tampoco hubo referencias en las cuentas de redes sociales de Milei ni del canciller Pablo Quirno. En ese contexto, los movimientos de Bullrich sumaron un ingrediente adicional de incomodidad.

La senadora no se limitó a las declaraciones públicas. En su territorio legislativo, el Senado, avanzó con una agenda que en distintos sectores del oficialismo consideran inoportuna y que abrió nuevos frentes de discusión. Uno de ellos fue el proyecto sobre delitos contra la integridad sexual de menores, presentado el jueves pasado, que propone declararlos imprescriptibles y modificar el régimen general de prescripción del Código Penal. La iniciativa recoge el reclamo que se instaló a partir del caso Segovia, en el que un hombre acusado de abusar de una niña permaneció prófugo durante casi 15 años y terminó beneficiándose con la prescripción de la causa.

Patricia Bullrich en el Senado

El tema ya tenía un recorrido parlamentario propio en Diputados. Allí se había iniciado el debate de distintas iniciativas, entre ellas una impulsada por el bullrichista Damián Arabia y otra trabajada por la diputada Laura Rodríguez Machado. El proyecto de Bullrich abrió, por eso, interrogantes en el oficialismo sobre la coordinación legislativa y la decisión de presentar una iniciativa propia mientras el asunto ya estaba en tratamiento en la Cámara baja.

Otro de los puntos de fricción fue la ludopatía. Bullrich anunció que impulsará en el Senado el tratamiento del proyecto de prevención de las apuestas online, que tiene media sanción de Diputados desde noviembre de 2024 y que corre riesgo de perder estado parlamentario a fin de mes. La iniciativa contempla restricciones a la publicidad del juego, controles biométricos para impedir el acceso de menores y herramientas de prevención. En el entorno de la senadora explicaron que tomó la decisión “porque era un tema de la Iglesia“, en la antesala de la llegada de León XIV y después de los reiterados reclamos de la Conferencia Episcopal para que el Congreso avance con la regulación.

En el oficialismo, sin embargo, la lectura fue otra. No cuestionan necesariamente la gravedad del problema, sino la oportunidad y la forma en que Bullrich decidió instalarlo, sin una coordinación previa con la mesa política. En el bloque hay senadores que respaldan la discusión, aunque advierten que existen diferencias sobre el contenido de los proyectos y el alcance de la regulación. La media sanción de Diputados, además, no es idéntica a otras iniciativas que se discuten en la Cámara alta.

El tercer frente fue discapacidad. Durante el plenario de comisiones del Senado, la discusión sobre el proyecto volvió a dejar expuestas diferencias respecto de los cambios que pretendía introducir el Gobierno. En el oficialismo molestó que Bullrich no incorporara las modificaciones que le habían pedido. La acumulación de los tres temas —discapacidad, ludopatía y delitos sexuales— empezó a ser leída en distintos despachos como parte de una misma secuencia.

Pero la señal que más inquietó a la Casa Rosada fue política. La fotografía que difundió Damián Arabia después de una reunión con legisladores, asesores y dirigentes cercanos a Bullrich terminó de darle forma a una tensión que hasta entonces se expresaba de manera más dispersa. La imagen fue interpretada como una demostración de fuerza de la senadora y como un mensaje hacia la conducción del oficialismo.

Bullrich y legisladores aliados

Atisbos de un contraataque

Después del primer revuelo, en Balcarce 50 empezaron a contraatacar. Distintas fuentes de sectores diferentes del Gobierno aseguraron que varios de los dirigentes que aparecieron en la foto se comunicaron luego con referentes oficiales para aclarar que no quieren romper con Milei y que tampoco estaban de acuerdo con que la imagen se publicara. “Entre los que fueron con ella no hubo unanimidad”, resumió una fuente del oficialismo. “No quieren ir tan viscerales y todos quieren que reelija Javier”, agregó otra.

La respuesta desde el sector de Bullrich fue muy directa. “Hasta donde sabemos, era toda gente mayor de edad y no había ninguna pistola en la mesa”, dijeron. Para sumar argumentos contaron una intimidad: “Cuando terminó la reunión, uno de los diputados dijo: ‘¿Podemos sacar una foto?’. Y Patricia dijo: ‘Yo no la voy a publicar, corre por su cuenta’“.

Iracundos, en el Gobierno empezaron a introducir advertencias de cara al armado de las listas del año que viene. Varios de los legisladores que acompañan a Bullrich deberán renovar sus bancas el año próximo y, según la lectura de algunos dirigentes oficialistas, podrían quedar condicionados por una eventual disputa por los lugares que se les asignen a los propios de la senadora. “El día de mañana, los cinco o seis que renuevan van a pedir cupo de Patricia y no sabemos si…”, deslizó un referente del oficialismo, en una advertencia que apunta directamente a las negociaciones electorales de 2027.

La interpretación que circula en la Casa Rosada es que Bullrich está jugando un “todo por el todo” para mostrar que la reunión con Milei en Olivos no fue satisfactoria, que se siente desplazada y que quedó afuera de las decisiones centrales. Desde esa perspectiva, sus movimientos buscarían “aumentar su poder interno” y asegurarse más lugares para sus dirigentes en las listas del año próximo. Algunos van incluso más allá: creen que no pretende romper con Milei, sino conseguir un lugar más relevante en una eventual fórmula presidencial y avanzar hacia una suerte de “cogobierno”.

Patricia Bullrich y Javier Milei

En el bullrichismo rechazan esa lectura y la consideran demasiado lineal. “Si van a empezar con esa lógica, están al horno”, respondieron frente a la introducción de los puestos en las nóminas. En el oficialismo hay quienes recordaron que Bullrich “no tiene sello propio” y que depende de una estructura que no controla por completo.

La discusión se volvió todavía más áspera después de las declaraciones de Juan Pablo Arenaza sobre Santiago Peña en Radio con Vos. En el Gobierno interpretaron sus palabras como una nueva amenaza de Bullrich, esta vez más directa, sobre la posibilidad de construir un camino alternativo si el Presidente pierde centralidad o se debilita. “Comparó indirectamente a Milei con Peña. Es una locura. Está diciendo que tiene que haber un plan B por si se cae Milei. Es peligroso”, resumió un funcionario en off.

En el entorno de la senadora rechazaron esa interpretación y pidieron escuchar el contenido completo de la entrevista. Consideraron una “maldad” la lectura del Gobierno y negaron que exista una estrategia para precipitar una ruptura.

En la Casa Rosada hay quienes prefieren eximir a la senadora y atribuir parte de los movimientos a su entorno. “Tiene demasiada gente alrededor que le ceba la cabeza”, resumió una fuente oficial.

La tensión con Bullrich se suma a otros focos de desgaste que atraviesan al oficialismo. La interna entre los Menem y Santiago Caputo permanece aplacada, pero no resuelta. En el caputismo recuerdan que durante la gestión de Patricia Bullrich en Seguridad no prosperó la idea de crear una versión argentina del ICE, el organismo estadounidense de control migratorio, una iniciativa que el sector había impulsado. También siguen con atención los movimientos de Stephen Miller, uno de los referentes de la derecha estadounidense, después de su designación como jefe de Gabinete de Trump. Caputo volvió a reivindicarlo públicamente y escribió: “Soy pro Stephen Miller y anti-anti Stephen Miller”, en un mensaje que sus seguidores leyeron como una reivindicación de su propia visión política, aunque en su entorno sostienen que nunca tuvo un interés real en ocupar la Jefatura de Gabinete.

En ese contexto, la visita del Papa funcionará como una pausa institucional en una interna que no encuentra un mecanismo estable para procesar sus diferencias. En el Palacio Libertad se cruzarán dirigentes que hace tiempo dejaron de compartir una mesa política y que, sin embargo, deberán mostrarse juntos ante el jefe de la Iglesia católica. “Sí, ¿y qué? Es más de lo mismo», respondió con resignación un dirigente consultado sobre la posibilidad de que los desencuentros queden expuestos durante la actividad.

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