John Terry y el recuerdo de dos noches inolvidables que consolidaron su leyenda

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John Terry fue capitán y leyenda del Chelsea, forjando su legado con liderazgo y valentía (REUTERS/John Sibley)

John Terry es un símbolo inconfundible del Chelsea y uno de los defensores más respetados de la Premier League. Construyó su leyenda a base de liderazgo, entrega y una valentía que superó el rigor de cualquier partido. Capitán durante más de una década y cuarto en el corazón de la defensa, no solo fue clave en la obtención de títulos, sino que también encarnó el espíritu combativo del equipo londinense.

Su carrera, con más de 800 partidos oficiales, está repleta de momentos imborrables, pero dos experiencias singulares que revelan el temple y la determinación que lo convirtieron en ídolo de Stamford Bridge.

El día que se puso bajo los tres palos

El fútbol suele reservar giros inesperados para quienes están dispuestos a asumir cualquier desafío. Eso mismo ocurrió el 14 de octubre de 2006, cuando Terry se vio obligado a ocupar el puesto de arquero durante un partido ante Reading. Aquella tarde, el Chelsea perdió primero a su portero titular, Petr Cech, por una grave fractura de cráneo, y después a su reemplazo, Carlo Cudicini, quien quedó inconsciente tras un choque en los minutos finales.

Con todas las sustituciones agotadas, la insólita escena se hizo realidad: el capitán, con la camiseta número uno y los guantes prestados, se paró bajo el arco en un contexto de máxima tensión.

Tras las lesiones de sus arqueros, Terry ocupó el lugar bajo los tres palos y la imagen se volvió icónica (X/Invictos)

“Estaba realmente nervioso. Venía después de una lesión muy fea de Petr Cech y, luego, Carlo Cudicini quedó inconsciente. Reading era un equipo grande y físico, así que iba a ser una prueba enorme para cualquier jugador de campo que tuviera que atajar”, relató el exfutbolista inglés en una entrevista a FourFourTwo.

Pero lo que parecía una decisión improvisada, en realidad, era fruto de una preparación meticulosa del entonces entrenador José Mourinho. “Siempre iba a ser yo. José nos preguntó en sus primeros días en Chelsea: ‘Si alguna vez les pasa algo a mis dos arqueros y no nos quedan cambios, ¿quién se ofrece?’ Yo le dije que lo haría. Eso te dice mucho sobre él, porque desde entonces, terminaba las prácticas atajando para prepararme si llegaba ese día. Incluso el utilero llevaba un par de guantes solo para mí en cada partido, por si hacía falta. Nada quedaba librado al azar con José”, explicó.

Dos años después de aquel acuerdo tácito, la promesa cobró vida. El defensor, más acostumbrado a despejar balones que a contener remates, debió improvisar. “Estaba tan nervioso que ni siquiera me animé a hacer un saque de meta normal. Solo piqué la pelota dos veces y la reventé de volea, por lo que me cargaron mucho tiempo después”, confesó entre risas.

Pese a los nervios, su actuación resultó decisiva: el Chelsea defendió la mínima ventaja y se llevó el triunfo. “Recuerdo a todos que mantuve el arco en cero, así que soy uno de los pocos arqueros de la historia con un cien por ciento de efectividad. ¡Estoy encantado con eso!”, señaló con orgullo.

Una final y un gran susto

La final de la Copa de la Liga 2007 quedó marcada por el grave accidente de John Terry tras un choque con Abou Diaby del Arsenal (AP)

Terry forjó su reputación como un defensor dispuesto a arriesgar el físico en cada jugada, y pocos episodios representan mejor esa entrega que la final de la Copa de la Liga inglesa de 2007. Aquel duelo ante Arsenal fue testigo de uno de los sustos más grandes en la carrera del capitán blue. Cuando el partido transitaba la hora de juego, un desafortunado choque con el francés Abou Diaby terminó con “Iron Man” inconsciente sobre el césped, tras recibir una violenta patada en la cabeza mientras intentaba convertir un gol en el área rival.

“No fue mi mejor momento”, evocó Terry en diálogo con FourFourTwo. Y reconoció: “Recuerdo el córner y la pelota cayendo a pocos metros del arco. Se me iluminaron los ojos porque pensé que iba a marcar. Recibí el golpe y quedé inconsciente de inmediato. Por suerte, el fisioterapeuta de Arsenal, Gary Lewin, que me conocía bien de la selección inglesa, estaba cerca y corrió al campo. Me sacó la lengua de la tráquea y, básicamente, me salvó la vida. Sin su reacción rápida, pudo haber terminado de otra manera”.

La gravedad del episodio fue tal que debió ser retirado del campo y trasladado a un centro médico. “Iba rumbo al hospital, todavía con el uniforme puesto, en la parte trasera de la ambulancia y sin saber dónde estaba. Me hicieron una tomografía cerebral, pero después, desoyendo el consejo médico, me escapé porque quería celebrar la victoria con mis compañeros”, destacó.

“Me dejaron ir a regañadientes, pero cuando eso pasa, se niegan a pagarte el transporte, así que salí, todavía vestido de futbolista, y tomé un taxi en Cardiff para volver al estadio. No sé qué pensó el taxista de todo eso. Seguía algo mareado, pero salí esa noche a festejar con todos. Después, llegué a casa y, no exagero, dormí casi dos días seguidos”, relató con franqueza.

El médico de Chelsea lo visitó varias veces durante ese periodo, aunque Terry admite que esa decisión no fue la más sensata. “No fue inteligente, lo reconozco, pero fue un día de locos”, concluyó.

En cuanto al partido, que ya había pasado a un segundo plano, afortunadamente también tuvo un final feliz para Terry dado que el Chelsea se impuso 2-1 y se quedó con la copa.

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