Javier Milei le volvió a dar vida al Congreso y lo convirtió en la columna vertebral de su gestión

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Javier Milei y Patricia Bullrich

Pasó desapercibido, debido a las frenéticas agendas de sesiones extraordinarias de diciembre del año pasado y del corriente mes, pero Javier Milei, el presidente que en sus discursos despreciaba a la “casta” -hoy, una parte de ella lo defiende hasta la muerte- y pedía fumigar a las “ratas” del Poder Legislativo, convirtió al Congreso en una columna vertebral de su gestión política y económica, con leyes sensibles y complejas de sancionarse durante décadas y que vieron la luz con pocos días de diferencia.

El panorama actual tiene otro ingrediente trascendental: llegó a pincelarse sin mayorías propias -aunque bloques que crecieron en volumen, tras las elecciones octubre- y gracias a una líder libertaria en el Senado, Patricia Bullrich, que es halagada por casi toda la oposición y hasta dejó en un cómodo quinto lugar la guerra entre Balcarce 50 y la vicepresidenta y titular de la Cámara alta, Victoria Villarruel. Ahora es ella quien busca, con más errores que aciertos -visitas agradables y cómodas con gobernadores cristinistas-, mantener esa compulsa y continuar con algo vida política.

Milei se dio cuenta que necesita al Congreso, por más que nunca lo reconozca. De hecho, yo no espero nada de él para el 1 de marzo -el jefe de Estado inaugurará un nuevo período de sesiones ordinarias-, pero las señales desde las elecciones de octubre, a esta altura, fueron muy claras. ¿Usted sabe lo que fue querer ayudar al Gobierno, de alguna u otra manera, y no tener a nadie que nos dijera qué era lo que les interesaba o no de verdad en cuanto a proyectos? Fue desesperante”, sentenció un experimentado legislador que participó de muchas negociaciones recientes a Infobae.

Más allá de las piñas opositoras de 2025, el titular de Diputados, Martín Menem (La Rioja), siempre tuvo a disposición el blindaje y la generosa palanca de la secretaria general de Presidencia, Karina Milei. Esto no ocurrió en el Senado, hasta que aterrizó Bullrich. La porteña es una “máquina” del sistema que el primer mandatario tanto denostó. Y ama ser noticia, como si fuese una razón para vivir. No obstante, la ex ministra de Seguridad cumplió casi a la perfección todos los pasos del manual para ser una buena jefa de bloque.

El pleno del Senado, durante una de las sesiones extraordinarias realizadas durante la corriente semana (RS Fotos)

En primer lugar, cazó de la nebulosa lo que tantos “históricos” y “profesionales” del Congreso perdieron de vista: la iniciativa. “Nos llamaba seguido antes de asumir y estaba con muchos temas ya masticados. La verdad, varios fuimos con cierta precaución, ya que teníamos dudas. La autoridad que demostró fue enorme. Sin Bullrich, lo de las últimas semanas no ocurría ni por asomo”, manifestaron desde una bancada dialoguista de peso a este medio.

Son varias secuencias que, con las extraordinarias consumadas, recobran valor. Durante la grosera tropelía de la Casa Rosada con el Presupuesto 2026, por el capítulo caído en Diputados que derogaba las leyes de emergencia en discapacidad y de financiamiento universitario, la senadora oficialista ya tenía escaneada a la Cámara alta y fue la primera en avisarle al Ejecutivo que, en caso de insistir, se hubiese activado una trifulca innecesaria y letal. “Ahí nos dimos cuenta que el Gobierno quería su plan de gastos”.

Otro punto no menor fue correr a la ex macrista y renovada full violácea Carmen Álvarez Rivero -se verá si es parcial- de la presidencia de la comisión de Trabajo y Previsión Social de la Cámara alta. No era para difícil hacerlo, aunque avanzó igual y se puso ella al frente de la misma. La tercera ocurrió con la reforma laboral, en medio del festín de pícaras modificaciones y bombones para sindicatos y asociaciones empresariales, que aún festejan el fondeo in aeternum con aportes de los trabajadores. Eso sí: con topes más bajos.

En resumen, Bullrich se tiró encima de todas las granadas. Y hasta se dio el gusto de responder con respeto a senadores kirchneristas -como Jorge Capitanich o Gerardo Zamora– ante planteos en el recinto, como ocurrió horas atrás. Es decir, el debate sano, algo impensado para la actualidad política. O de pedir un minuto de silencio y hacer parar a todos, incluso antes de votarse dicha moción.

Imaginate el que nos bancó y toleró tantos años y sigue un poco la política, viéndola a ella hacer de todo con mucho menos de lo que tuvimos en el pasado. Ni siquiera ofrecemos un plan ‘b’, sólo ladrar. Y creo que eso también lo estamos haciendo mal”, deslizó angustiado un integrante del kirchnerismo a Infobae al término de la sesión extraordinaria por el Régimen Penal Juvenil y la reforma laboral. Por ahora, la única expectativa en el PJ es que el Gobierno no logre responder las lógicas demandas de bolsillo real -no nominal- tras acomodar la macro y la imagen de la administración central vuelva a caer, como sugieren algunos índices privados de confianza y de conversación digital.

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