CRÉDITO, DEUDA Y MOROSIDAD: LA CRISIS SILENCIOSA QUE GOLPEA A LAS FAMILIAS ARGENTINAS
La creciente problemática del endeudamiento en Argentina, en un contexto donde cada vez más familias recurren al crédito no para proyectar mejoras, sino para sostener gastos básicos.
Según un informe del Banco Central de la República Argentina, alrededor de 20 millones de argentinos se encuentran en situación de morosidad, ya sea con tarjetas de crédito, préstamos personales o plataformas fintech.
Lejos de su uso tradicional, la tarjeta de crédito dejó de estar asociada al consumo aspiracional. Hoy, se utiliza principalmente para comprar alimentos, pagar servicios o cubrir necesidades cotidianas. Lo que antes era una herramienta financiera, ahora se convirtió en un recurso de supervivencia.
Los datos reflejan la gravedad del escenario. En los últimos dos años, el endeudamiento familiar creció casi ocho puntos porcentuales, alcanzando el nivel más alto desde 2010. En enero de 2026, la morosidad llegó al 10,6%, con picos del 13,2% en préstamos personales y cerca del 11% en tarjetas de crédito.
Sin embargo, la situación es aún más crítica fuera del sistema bancario tradicional. En el ámbito de las fintech y billeteras virtuales, donde los créditos se otorgan de forma inmediata y con pocos requisitos, la morosidad alcanza el 24,6%. Esto implica que uno de cada cuatro argentinos no puede cumplir con esos compromisos.
El problema se explica, en gran parte, por la pérdida del poder adquisitivo. Los salarios no logran acompañar el ritmo de la inflación, mientras que las tasas de interés superan el 70% en bancos y pueden escalar hasta el 200% en financieras.
El impacto no es uniforme. Los sectores más vulnerables son los más afectados: el 20% de la morosidad se concentra en personas con deudas inferiores al millón de pesos, lo que evidencia una crisis profunda en los niveles de ingreso más bajos.
A nivel regional, Argentina presenta una situación excepcional. Con una morosidad del 10,6%, supera ampliamente a países como Brasil (5,2%), Colombia (5,1%) y Chile (2,6%), lo que confirma que se trata de una problemática local y no de una tendencia global.
Las consecuencias ya se sienten en la economía real. El peso de las deudas obliga a las familias a recortar gastos, lo que repercute directamente en el consumo. Comercios con menos ventas, pymes en retroceso y una industria que desacelera su producción forman parte del mismo circuito.
En este contexto, el cierre de empresas se vuelve una constante: en promedio, unas 30 compañías bajan sus persianas por día en el país.
La morosidad, más que un indicador económico, se ha transformado en el reflejo de una realidad cotidiana: millones de argentinos que hacen cuentas todos los días y no logran llegar a fin de mes.



