Copa Davis: diez ausencias, una derrota y otra oportunidad perdida

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El equipo argentino que disputó la serie en Corea del Sur (Crédito: Prensa AAT)

La derrota frente a Corea del Sur por los Qualifiers de Copa Davis cayó como una roca en las pasivas aguas del tenis argentino, que ahora extiende sus olas sobre las costas de este deporte nacional. Si bien la altura de esas olas no llega al grado de tsunami, como las de Mar del Plata 2008, la ausencia de los 10 mejores jugadores argentinos (8 singlistas y dos doblistas) dejó expuesta la necesidad de un cónclave, una reunión, una llamada grupal, un Zoom, para que no vuelva a ocurrir esta catarata de ausencias que suena a vacío, a la hora de representar a la Argentina.

Porque Argentina no perdió por la superioridad de su rival ni por la superficie de la cancha de Busan o porque los albicelestes no hayan estado a la altura, la selección argentina de tenis cayó derrotada por sus propias ausencias, por la falta de coordinación, de un sacrificio y por la superposición de calendario que obligó a que los jugadores argentinos desestimaran jugar la Copa Davis.

Las ausencias provocaron carencias y las carencias un hueco, un espacio entre las comas, por el que se filtró la victoria coreana. Estas fueron las verdaderas claves de una oportunidad desperdiciada, ya que una victoria le permitía a la Argentina jugar de local, en septiembre, la clasificación a las Finales de Copa Davis por tercer año consecutivo ante un equipo accesible (India).

El pensamiento es unánime en el seno del tenis nacional: los jugadores que estuvieron en Busan no son responsables de esta derrota, “ellos fueron y disputaron la serie frente a Corea”, hay coincidencia. Porque alguno de los tenistas lo habrá hecho con mayor o mejor actitud, otros con mejor juego, pero aún en los triunfos o en las derrotas de un partido, estuvieron presentes en una serie difícil e incómoda en el calendario.

Un importante ex dirigente del tenis argentino comentaba que durante sus diferentes períodos de gestión sólo conoció “a tres jugadores que nunca condicionaron su presencia, aunque apareciera alguna diferencia. Siempre estuvieron: Guillermo Vilas, David Nalbandian y Juan Mónaco”.

De Guillermo Vilas sólo se recuerda un episodio por un tema económico, en una serie a comienzos de los ’80, cifra que Guillermo terminó donando. Por su parte, el cordobés, que no tenía una buena relación con el capitán Tito Vázquez, sólo se le ausentó a último momento de una serie en Buenos Aires, por desacuerdos con él. Sin embargo, en 2010, el Rey viajó a Suecia recién recuperado de una lesión y terminó dándole el triunfo a la Argentina, jugando con un desgarro frente a Andreas Vinciguerra, en el quinto punto.

Guido Andreozzi y Federico Gómez, pareja de dobles de Argentina (Crédito: REUTERS/Kim Soo-Hyeon)

Ahora, la derrota frente a Corea abrió nuevos interrogantes sobre el futuro de las convocatorias y las disponibilidades de los jugadores. Hay quienes sostienen que es atendible la inasistencia de los tenistas argentinos, pero hay otros que dicen que, en realidad, es por falta de interés en representar a la Argentina. Tal vez haya un punto intermedio y esta vez se pueda haber necesitado de algún tipo de sacrificio.

Javier Frana daba algunas pistas durante la charla con Infobae, el día en que presentaron el equipo en el Tenis Club Argentino, al decir que no se le podía pedir a un tenista “que haga el favor de jugar (en la Selección), porque no se puede salir a convencer a un jugador de que vaya a representar a su país. Es algo que el jugador tiene que sentir”. Un pensamiento que se reafirmaba con otra frase del capitán: “No me están diciendo que no a mí, le están diciendo no a participar de un equipo que no me pertenece, que es la selección argentina de tenis.”

En este punto, me tomo licencia como redactor para hablar en primera persona y decir que el equipo, aunque sea con tiempo de caducidad, sí es de él, pero tampoco el capitán tiene más responsabilidad que su poco o mucho poder de convencimiento.

Daniel Orsanic lo intentó en 2017, a dos meses de haber salido campeón. Guido Pella le contaba al podcast Tres Iguales: “Yo fui el único pelotudo que le dije que sí a Orsa, cuando me pedía que jugara”, haciendo referencia a la primera ronda contra Italia (2017), en Parque Sarmiento, después aparecería Leonardo Mayer jugando solamente dobles. Los tenistas que habían ganado la Copa Davis, enseguida debieron hacer la pretemporada y salir a competir en Oceanía. “Todos estábamos muy cansados y Orsa me pidió que acompañara a Peke, porque no iba a poder contar con ninguno de los otros que habíamos ganado la Davis el año anterior”, afirmaba Pella. Schwartzman se bajaría de la serie y Argentina sería derrotada por Italia. En septiembre, contra Kazajistán, tampoco volvieron los campeones de la Davis y Argentina descendió.

Javier Frana, el capitán argentino

Antecedentes que, de alguna manera, debieron haber sido tenidos en cuenta. Por eso, la actual dirigencia del tenis argentino tampoco quedó exenta de críticas por lo ocurrido. Si bien no son responsables, tanto Agustín Calleri (presidente), como Mariano Zabaleta (vice), fueron tenistas profesionales y saben de las necesidades, tanto de los jugadores como los de la selección argentina. De allí la posibilidad de prever o de interceder buscando algún gesto de solidaridad, aunque no forme parte de su gestión, o sí. Pero hasta ahí podían llegar, más de eso no podrían hacer.

Por su parte, se puede compartir o no, resulta entendible la decisión de los jugadores, ellos tienen su trabajo y juegan para ellos. Es así: juegan para ellos. También es cierto que varios de los Top 100 han acudido a casi todas las convocatorias y, en algunos casos, se han sacrificado y han debutado en condiciones que no eran las mejores, reemplazando a algún compañero de equipo que no estaba en condiciones emocionales para salir a la cancha. Sin embargo, esta derrota merece un barajar y dar de nuevo, porque ante cada convocatoria suelen decir que “es un orgullo”, que “siempre quisieron representar a la Argentina” y que “de chicos soñaban con jugar la Copa Davis”. Este hubiese sido un buen momento para demostrarlo.

En este punto, si la dirigencia y el capitán sólo respetaron la voluntad de los jugadores o no tuvieron la fuerza para poder torcer la historia de todas las ausencias, entonces, la responsabilidad absoluta cae sobre los jugadores, que podrán tener sus razones, pero que dejaron desolado al equipo.

Cuando se habla con los entrenadores, ellos tienen una visión más enfocada hacia su jugador y van a preferir la carrera individual a la representación nacional, para poder mejorar o mantener ranking, para evitar posibles lesiones y porque la Copa Davis no les ocupa sólo una semana, sino hasta tres, recuperación incluida. Por eso es necesario que el jugador esté convencido, porque él es quien termina decidiendo.

Conociendo a todos los involucrados resultaba posible obtener una alineación similar a la que terminó siendo presentada en enero. En ese aspecto, la superposición de fechas pegó fuerte y terminó siendo categórica en la ausencia de todos ellos. Sin embargo, siempre hay algo que puede hacerse para intentar mejorar. Por eso, se hace necesario algún tipo de revisión y sinceramiento interno y hacia los hinchas y decirles hasta dónde llega su compromiso. Porque para el argentino, la Copa Davis es una competencia especial, que consigue convocar a mucha más gente que un tenista de manera individual, inclusive a aquellos que están casi por fuera del tenis. Hay que tener en cuenta que la Argentina es una de las naciones que más público lleva jugando de visitante.

Es un momento para que el tenis argentino todo se reúna, para que los protagonistas se miren a los ojos, para que coordinen esfuerzos y sacrificios y, de esta manera, el equipo de Copa Davis no vuelva a lucir como una abandonada selección argentina de tenis.

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