viernes, octubre 30, 2026
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La odontóloga que entrena a su perra para calmar el miedo de sus pacientes: un viaje a Corea del Sur, una niña que lloraba y un ukelele

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La odontóloga fueguina Nayla Sanchez Tobares junto a su perra Hope

“No podemos quedarnos solamente con que ‘no se deja atender’“, afirmó Nayla Sanchez Tobares, odontóloga fueguina, que reparte su tiempo entre Ushuaia y Buenos Aires, al referirse a los pacientes que sienten miedo, angustia o tienen un trauma asociado con la atención odontológica.

En su consultorio, su perra Hope de un año y 4 meses acompaña con toda su dulzura los procesos de adaptación de algunos niños.

“Hope es una perra extremadamente amorosa, sociable y compañera. Tiene algo muy particular: cuando ve a un niño se entusiasma muchísimo. Le encanta acercarse, pero suele hacerlo con una suavidad que me sorprende”, destacó.

Hope y su acompañamiento a niños durante la atención odontológica

Hope no participa en todos los procedimientos ni interactúa con todos los pacientes. En cada caso, el equipo evalúa la situación, el consentimiento de las familias, las condiciones de seguridad y el bienestar de la perra.

Para algunos niños, en especial aquellos que tienen dificultades sensoriales o experiencias previas negativas, entrar al consultorio puede ser un desafío. Antes de hablar de dientes, instrumentos o tratamientos, Sanchez Tobares propone jugar con Hope.

Ese juego puede ser el primer paso para construir confianza. “En vez de enfrentarse directamente a un ambiente que les genera miedo, encuentran una experiencia diferente, más cercana al juego y al afecto”, explicó.

La perra Hope facilita la adaptación de niños con miedo o dificultades sensoriales durante las consultas odontológicas

La odontóloga observó que, en algunos pacientes, la presencia de su perra puede favorecer la tranquilidad, la comunicación y la disposición a participar en las consultas.

Hope todavía está en formación. Sanchez Tobares la prepara para presentarse a una evaluación de certificación durante 2027 y distingue su actividad de la de los perros de asistencia.

Entre Ushuaia y Buenos Aires

Nayla Sanchez Tobares nació y se crió en Ushuaia, Tierra del Fuego. A los 18 años se mudó para estudiar Odontología en la Universidad Católica de La Plata (UCALP). Se recibió en 2016. Luego continuó su formación en la Universidad de Buenos Aires (UBA).

Se especializó en Prótesis Dento-Buco-Maxilar y en Odontología Integral para Personas con Riesgo Médico y Discapacidad. Actualmente cursa una tercera especialidad: Periodoncia. También es ayudante de segunda en la cátedra de Medicina Interna de la Facultad de Odontología de la UBA. Allí trabaja con pacientes con discapacidad y Hope la acompaña.

Nayla Sanchez Tobares divide su actividad profesional entre Ushuaia y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires

Su actividad profesional transcurre entre Ushuaia y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, donde trabaja en el ámbito privado. Habitualmente pasa quince días en cada ciudad. “Siempre tuve una vocación muy fuerte por mi profesión. Creo que atender a un paciente va mucho más allá de tratar sus dientes”, subrayó Nayla Sanchez Tobares. Y agregó: “Es entender que detrás de cada persona hay una historia, emociones, miedos y necesidades diferentes.”

El origen de Hope y su llegada a la familia

En septiembre de 2024, Sanchez Tobares viajó a Corea del Sur para presentar un trabajo sobre el uso del cannabis medicinal en odontología durante un congreso internacional. Allí conoció a colegas australianas que realizaban intervenciones asistidas con animales. Ellas trabajaban con perros de raza Australian Labradoodle y le hablaron de las características de su pelaje de baja muda, que puede resultar favorable en determinados entornos sanitarios bajo protocolos adecuados.

La odontóloga ya tenía una conexión especial con los animales. Esa conversación “le abrió la cabeza” y le permitió pensar cómo vincular ese interés con su profesión y la atención a pacientes con discapacidad.

La perra Hope con un bebé en el consultorio

El 2 de abril de 2025 murió su perra Magda, a quien definió como su “mejor amiga de cuatro patas”. Una semana después, comenzó a investigar sobre los Australian Labradoodles y contactó a unos médicos que tenían una perra de esa raza que estaba por tener cachorros.

Decidió esperar el nacimiento. “Desde el primer momento había un nombre que no podía sacarme de la cabeza: Hope. No sabía si el cachorro que llegaría a mi vida sería macho o hembra, pero sabía que quería ese nombre porque era neutro. Simplemente lo sentía”, relató. Hope significa esperanza en inglés y hoy siente que tiene muchísimo sentido en su historia.

Los cachorros nacieron el 24 de julio de 2025. Una de las perritas llevaba una cinta violeta y llamó su atención desde el primer momento. Cada vez que la veía decía: “¡Es esa!”

Cuando Nayla vio a la perra de cinta violeta se enamoró

Sanchez Tobares no podía elegirla solo por una conexión emocional. Como buscaba formarla para acompañar a personas en contextos asistenciales, consideraba necesario que reuniera determinadas condiciones de temperamento y comportamiento.

“Cuando finalmente fui a conocerla, me enamoré. La miré y dije: ‘Es ella’. Era la misma perrita de la cinta violeta”, recordó.

Los viajes, el entrenamiento y la adaptación

Como Sanchez Tobares divide su vida entre Ushuaia y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Hope viaja con ella en avión. La perra va en cabina y se acostumbró desde pequeña a los aeropuertos, los sonidos, los movimientos y las situaciones propias de cada vuelo.

“Es una compañera increíble”, expresó la odontóloga. Hope se adaptó a una rutina entre dos ciudades, consultorios y la familia.

La preparación para el consultorio comenzó cuando Hope llegó a su vida. Sanchez Tobares la llevaba para que se familiarizara de forma progresiva con el ambiente odontológico, sin incorporarla de inmediato al trabajo con pacientes.

La odontóloga buscaba que conociera los olores, los movimientos, los materiales, los equipos y los sonidos del consultorio. Quería que pudiera explorarlos y los incorporara a su entorno habitual.

Sanchez Tobares cursó su preparación en la Asociación Argentina de Terapia Asistida con Perros para certificar a Hope en 2027

En julio de 2025, cuando Hope todavía estaba en gestación, Sanchez Tobares inició su formación en la Asociación Argentina de Terapia Asistida con Perros (TACOP). Su objetivo era contar con herramientas para entrenarla personalmente, comprender su comportamiento y respetar sus tiempos.

Cami y un proceso de adaptación en el consultorio

En el consultorio busca que la presencia de su perra sea una herramienta complementaria para acompañar los procesos de adaptación de los pacientes.

Uno de los procesos que más le emocionó fue el de su paciente Cami, que llegó al consultorio de Buenos Aires derivada como una de sus últimas alternativas antes de realizar el tratamiento odontológico en quirófano.

Tenía necesidades de tratamiento, pero se angustiaba al entrar al consultorio. Lloraba, tenía miedo y le resultaba difícil recibir atención. Sanchez Tobares decidió intentar un abordaje con Hope. La primera sesión fue en el pasillo. No hablaron de dientes ni de tratamientos: jugaron con la perra mientras la odontóloga conversaba con la niña.

Los niños que sienten miedo a las prácticas odontológicas ingresan de otro modo al consultorio, desde el afecto y el juego

Cami hablaba poco, pero la conexión con Hope fue casi inmediata. A partir de entonces, comenzaron un proceso de adaptación progresiva, con Hope a su lado.

En una consulta, Cami llevó su ukelele y le tocó una canción a Hope. “Pensaba en aquella nena que al principio entraba llorando, que estaba próxima a recibir su tratamiento en quirófano, y ahora la tenía frente a mí, tocándole una canción a mi perra”, recordó la odontóloga.

Con el tiempo, completaron la terapia odontológica básica de la primera etapa en el consultorio. Cami comenzó a asistir con ganas, mejoró su técnica de higiene bucal y sus padres se involucraron más en el cuidado de su salud oral.

La niña le regaló a Hope un pingüino de peluche, que la perra lleva a todas partes. En una consulta de control, Hope buscó sus juguetes y eligió ese pingüino para llevárselo a Cami.

“No sé si fue una coincidencia, pero para mí fue un momento muy especial”, afirmó Sanchez Tobares.

La respuesta de las familias y la cuenta de Hope en Instagram

Las familias comenzaron a interesarse por esta forma de acompañamiento. “Los padres están encantados con Hope”, contó Sanchez Tobares.

Hope tiene una cuenta en Instagram, @hopethedog.arg, donde comparten parte de su vida, su entrenamiento y las experiencias que viven juntas.

Algunas personas escriben directamente a esa cuenta para solicitar un turno odontológico. “Quiero turno con la odontóloga que tiene a Hope”, le dicen, según relató Sanchez Tobares.

Algunos padres de los pacientes solicitan turnos de consulta odontológica a través de la cuenta de Instagram de Hope

La situación le causa gracia porque, después de años de estudio y especialización, considera que Hope se convirtió en la figura más conocida. Pero también le atribuye otro sentido.

“Que una familia busque un consultorio porque sabe que allí hay una perra que puede acompañar a su hijo me demuestra que existe una necesidad de encontrar otras maneras de vivir la atención de la salud”, afirmó.

La maternidad, Toto y la convivencia con Hope

Hope acompañó a Sanchez Tobares durante el embarazo. La odontóloga tuvo episodios de hipoglucemia y usaba un sensor de monitoreo de glucosa que emitía una alerta cuando sus valores descendían.

Antes de que sonara la alarma, Hope cambiaba su comportamiento. “Se me pegaba al cuerpo, no se separaba de mí y se volvía especialmente insistente”, contó.

Hope es una compañera

La situación ocurrió en varias oportunidades. Sanchez Tobares aclaró que nunca entrenó a Hope para detectar alteraciones de glucosa y que no puede afirmar que se tratara de una alerta médica.

Su hijo, Toto, nació el 26 de mayo de 2026. Diez días después, se lo presentaron a Hope.

“Desde el primer encuentro lo miró con un amor que me sorprendió muchísimo y desde ese día prácticamente no se separó más de él”, relató.

Cuando Toto está acostado, se mueve o comienza a girarse, Hope suele permanecer cerca y observarlo. También elige quedarse a su lado cuando duerme.

La dentista proyecta investigaciones sobre el impacto de las intervenciones asistidas con animales en la atención bucal

Sanchez Tobares sostuvo que siempre supervisan las interacciones y respetan los espacios de ambos. “Los dos están creciendo juntos”, dijo.

La certificación de Hope y los proyectos de investigación en odontología

Hope continúa en formación y Nayla Sanchez Tobares busca que se presente a la evaluación para obtener su certificación durante 2027.

La odontóloga también quiere desarrollar investigaciones sobre las intervenciones asistidas con animales en odontología, en especial con pacientes que requieren procesos de adaptación y acompañamiento individualizados.

Su objetivo es estudiar cómo influye este tipo de intervención en la experiencia de atención odontológica y qué beneficios puede aportar, desde una perspectiva responsable y respetuosa.

“Hope llegó con la ilusión de que algún día pudiera acompañar a otras personas, pero nunca imaginé cuánto iba a acompañarme también a mí”, confesó.