
El Gobierno sigue decidido a sostener en el cargo a Manuel Adorni, a pesar de que las más recientes explicaciones del jefe de Gabinete, lejos de blindarlo, terminaron de convencer al arco político de activar los resortes institucionales para forzar su salida.
Javier y Karina Milei se quedaron en silencio después de la entrevista que le dio Adorni a LN+, y que funcionó como parteaguas. Las contradictorias versiones del jefe de Gabinete sobre el crecimiento de su patrimonio provocaron que incluso miembros del propio oficialismo -por Patricia Bullrich- lo repudiaran. Pero la cúpula del Gobierno dejó trascender off the record que Adorni se mantiene intacto como ministro coordinador, e inclusive que planean que retome nuevamente sus conferencias de prensa con anuncios de gestión a partir de la semana que viene.
En paralelo a esta pulsión por fingir demencia, a lo largo y ancho del oficialismo se impuso ayer una sensación de abatimiento y preocupación por la embestida opositora en el Congreso, donde desde los distintos partidos presentaron sendos pedidos de interpelación y una moción de censura que podrían determinar una salida forzada de Adorni.
Una de las preocupaciones centrales en Balcarce 50 surge por la sospecha de que Patricia Bullrich, que le marcó la cancha a Adorni dos veces, no trabaje para reunir los votos que le permitan a los Milei resistir la arremetida del kirchnerismo. La jefa del bloque de senadores libertarios se llamó a silencio después de sacudir el tablero del oficialismo y transformarse en la única referente del Gobierno dispuesta a plantear públicamente una crítica directa a Adorni. Y en su entorno, evasivos, aseguraron que por ahora no se sentó a evaluar cómo procederá en el Senado.
Una posibilidad de salvataje para el Gobierno sería que los karinistas Martín y Lule Menem, junto al ministro del Interior, Diego Santilli, se dediquen a reunir los votos con los gobernadores más allá de Bullrich. Pero la eventual reticencia de la jefa del bloque de LLA en el Senado los inquieta.

El panorama luce desolador para el oficialismo. Todavía ven en el horizonte un margen de negociación con los gobernadores aliados y con algunos radicales. Pero vislumbran una muy probable negativa a ayudarlos de parte de los aliados de PRO y de la UCR, como del llamado “cordobesismo”. Y el antecedente reciente del fracaso de los Menem para retirar el pliego de la jueza Verónica Michelli en el Senado, la semana pasada, les augura problemas. Creen que están muy lejos de conseguir las voluntades para proteger a Adorni.
Además, en el Gobierno temen por la inminencia de un desenlace negativo forzado. Adorni buscó dilatar los tiempos y postergar su informe de gestión ante el Senado hasta “julio”, pero sin fijar fecha. Y la moción de censura podría demorarse algunas semanas, en caso de que se trate en la comisión de Asuntos Constitucionales. Pero hay temor en LLA por la posibilidad de que la oposición logre tratar sobre tablas la moción de censura contra Adorni, lo cual podría precipitar una definición.
En caso de que Adorni fuera destituido, se pregunten en La Libertad Avanza, ¿Milei volvería a designarlo como jefe de Gabinete? En la Casa Rosada no contestan a esa pregunta, que les parece propia de una realidad distópica. Pero en LLA deslizaron que la Constitución no lo prohíbe.
Mientras hacen proyecciones de posibles escenarios, en el Gobierno se impone el mutis por el foro. Solo en off the record ningunearon el comunicado donde el PRO prácticamente pidió remover a Adorni. “Son posiciones partidarias. No interferimos”, sostuvieron cerca de Karina Milei.
Milei rechaza la presión de Macri para echar a Adorni. Pero puertas adentro se pimponean nombres Para su eventual reemplazo. Unos apuestan por el canciller, Pablo Quirno, pero muchos están convencidos de que de no hay lugar para a otro que no sea Martín Menem, quizá el karinista más puro. Y hay quienes mencionan a la titular de Capital Humano, Sandra Pettovello, de buena relación con los hermanos presidenciales. Por lo pronto Adorni está resguardado al calor de sus jefes y no parece registrar que el resto de los propios le quitaron el apoyo.



