Fue campeón mundial de motociclismo, se enamoró de Gabriela Sabatini y le mandó 500 rosas

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Kevin Schwantz ganó 25 Grandes Premios en 500 cm3 (PA Images via Reuters Connect)

Kevin Schwantz arrancó con todo la temporada de 1988 del Campeonato Mundial de Motociclismo de Velocidad y luego de ocho carreras pudo lograr su primera victoria en la categoría reina, 500 cm3, hoy conocida como MotoGP. Sin embargo, el estadounidense también trascendió por su intento de conquista a la tenista argentina Gabriela Sabatini.

Nacido el 19 de junio de 1964 en Houston, Texas, Estados Unidos, Schwantz comenzó a competir en motocross antes de pasar a la velocidad, donde su evolución lo llevó a debutar en el Continental Circus, como se conoce al certamen ecuménico. Fue en 1986 sobre una Suzuki, la marca a la que siempre le fue leal. Ese mismo año logró resultados notorios en el campeonato estadounidense y atrajo la atención de los equipos.

Durante su primera incursión en el Mundial ya era reconocido por una particular combinación de determinación y técnica, que le permitió arrancar ganando en Japón y luego repitió en Alemania, ya en la sexta fecha, en el mismo evento donde el argentino René Zanatta participó sin suerte sobre una Yamaha en 250 cm3 (actual Moto2).

La temporada de 1988 fue trascendente para Schwantz, pese a no tener regularidad, pero su talento acompañado de un carisma sin igual lo llevaron a ser uno de los preferidos del público. Su popularidad estaba por las nubes y también rebotó en Argentina. Encandilado por Sabatini, le mandó 500 rosas. Pero también hubo admiración hacia la porteña por su talento y perfil fuera de las canchas. Mientras que el texano por entonces tenía 24 años, Gaby, con 18, ya era una de las mejores raquetas del mundo.

“Fue algo fuera de lo común, una muestra de entusiasmo y admiración que en aquella época se volvió tema en más de una conferencia de prensa del campeonato”, recordó un vocero del equipo Suzuki en una entrevista con ESPN. Según trascendió, Kevin sentía que la historia de Sabatini le parecía “inspiradora”. Incluso en una entrevista que la revista Gente le hizo en el Autódromo de Paul Ricard, en Franco, llegó a admitir que “Sí, estoy enamorado de Gaby”.

El detalle no pasó inadvertido en la prensa internacional, que estableció un vínculo simbólico entre dos mundos deportivos que rara vez se cruzan: el motociclismo y el tenis de elite, aunque Gaby Sabatini se mostró respetuosa por el gesto, no fue más allá. Kevin tampoco insistió sobre el tema y la historia quedó en la anécdota de las 500 rosas. Aunque un punto de coincidencia entre ambos es el amor por las dos ruedas ya que en una reciente entrevista la ex número 3 del mundo reveló que iba a entrenar en moto.

Mientras el episodio de las rosas alimentaba el interés mediático, Schwantz terminó octavo esa temporada con aquella RGV500 con su icónico número 34, que en ese momento tenía como principal sponsor a una conocida gaseosa. Ese año estaba previsto el Gran Premio de la República Argentina de Motociclismo, pero no pudo plasmarse por problemas presupuestarios.

El norteamericano siguió siendo protagonista de la principal divisional y fue cuarto en 1989, subcampeón en 1990, tercero en 1991 y cuarto en 1992. El título llegó en 1993, con una Suzuki que ya lleva una famosa publicidad de una tabacalera. Sus cuatro triunfos en las primeras siete fechas le permitieron una cosecha para asegurarse la corona con 248 puntos, contra 214 de su compatriota Wayne Rainey, baluarte de Yamaha. “Kevin era sinónimo de velocidad y arrojo. Sabía que el público quería espectáculo”, declaró Rainey en Superbike News.

Con su Suzuki, el icónico número 34 y la conocida publicidad de la tabacalera (PA Images via Reuters Connect)

En 500 cm3, Kevin ganó un total de 25 Grandes Premios, 29 poles positions (mejor tiempo en clasificación) y 26 récords de vuelta. Sus duelos con Rainey marcaron una etapa en la que la categoría reina tuvo una época que resultó especialmente competitiva, reuniendo talentos como Mick Doohan, Eddie Lawson y el propio Wayne Gardner. La prensa internacional lo señaló como el piloto más espectacular del circuito por su manejo agresivo y por la manera en que asumía riesgos para adelantar rivales en curvas cerradas.

“Nada reemplaza la sensación de correr al límite, pero el título fue la culminación de años de esfuerzo”, sostuvo Schwantz en una nota a Cycle World. La Federación Internacional de Motociclismo (FIM) incluyó su nombre entre los campeones más carismáticos.

Gabriela Sabatini, por su parte, siguió un recorrido exitoso en el tenis profesional, conquistando el Abierto de Estados Unidos y alcanzando finales de otros grandes torneos en el circuito de la WTA.

El año 1995 marcó el inicio de la etapa final de Schwantz en el motociclismo. Tras varias temporadas marcadas por lesiones y recuperaciones, anunció su retiro profesional. Los motivos incluyeron la búsqueda de preservar su salud y la imposibilidad física de competir al más alto nivel, afectado por fracturas y largas rehabilitaciones. Al año siguiente, Sabatini también se retiró de la práctica profesional.

Kevin Schwantz fue campeón mundial de 500 cm3 en 1993

Correr (en moto) nunca puede ser completamente seguro”, explicó, poco antes de retirarse. “Algunas veces te puedes caer a 200 km/h y no pasarte nada; y te puedes romper los huesos cayéndote a la mitad de velocidad.”

Luego de su retiro, Schwantz permaneció vinculado al deporte como instructor, asesor y embajador de la marca Suzuki, además de desarrollar la escuela Schwantz School para jóvenes motociclistas en Estados Unidos. Su nombre figura en el Salón de la Fama de la FIM y es reconocido por la comunidad internacional como uno de los grandes exponentes del motociclismo estadounidense.

El texano no llegó a correr en Argentina, pero se lo vio con su sonrisa contagiosa en el Circuito Internacional de Termas de Río Hondo, cuando el MotoGP corrió allí entre 2015 y 2025. Quizá se lo vea el año próximo en el Autódromo de Buenos Aires Oscar y Juan Gálvez, que está siendo reformado para recibir al Mundial de Velocidad en 2027.

Kevin Schwantz lo acompañó a Luciano Ribodino luego de un fuerte accidente (Crédito: Diario Sports)

Un argentino que trabajó con Schwantz es el piloto Luciano Ribodino, ya que fue su entrenador en los Estados Unidos. “De Kevin tengo los mejores recuerdos. Su esposa de ese momento era española y ella era mi traductora. Él siempre estaba con nosotros y nos enseñó mucho sobre lo que teníamos que hacer en la pista. Me quería llevar a su escuela de pilotos en Atlanta, pero yo tenía solo 12 años y era muy chico. Por ahí, a la distancia siento que fue un error”, recuerda el cordobés en diálogo con Infobae.

“Es muy buena persona. Aparte como profesional, como piloto campeón del mundo, era muy humilde y te explicaba, te mostraba por dónde vos tenías que ir y te aconsejaba. De diez con todos”, destaca.

Kevin llegó a acompañar a Luciano luego de un fuerte accidente y rescata una historia muy especial que lo marcó. “En una de las pruebas, cuando yo paso el reloj se pone en cero. La tanda estaba terminada. Yo veo que ya no tenía más tiempo y en la segunda curva tuve una caída, bastante fuerte. Entonces, yo sabía que en esos selectivos, si vos cometés algún error o te caés o lo que fuese, no tenés más chance, digamos de seguir. Me acuerdo que yo volví al box. Yo había ido con mi abuelo, porque mi papá no había podido ir porque no le había llegado la visa. Yo estaba triste porque me había caído, era ya el segundo día, tenía muchas posibilidades de quedar seleccionado, pero esa caída me tiraba para atrás. Estaba triste y mi abuelo me estaba consolando y viene Kevin Schwantz y nos preguntó por qué yo estaba así, triste, medio con los ojos llorosos. Mi abuelo le dijo que era porque yo me había caído y no iba a poder seguir. Y ahí Kevin le dijo que yo era una gran persona y que tenía mucho talento y que me quede tranquilo, que si hacía bien las cosas, tenía muchas chances de seguir en en el selectivo. Eso demuestra lo que era él».

Por último, Luciano Ribodino reconoció que le preguntó a a Kevin Schwantz por aquella historia de las 500 rosas a Gabriela Sabatini, pero que prefirió no hablar del tema. A 38 años de aquella anécdota que fue viral sin que existieran las redes sociales, el ex piloto estadounidense logró convertirse en campeón mundial en la categoría reina, pero también ser un personaje único que rompió el molde y aún hoy los fanáticos lo recuerdan con una sonrisa.

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