
Desde que reapareció, hace 10 días, Pablo Moyano tuvo una maratón de 14 reuniones con dirigentes y delegados, habló con tres radios y declaró un paro por tiempo indeterminado. Todo un récord para un dirigente que, desde que renunció a la CGT, el 22 de noviembre de 2024, no había vuelto a su oficina de la Secretaría Adjunta del Sindicato de Camioneros, se alejó prácticamente de la actividad político-gremial y permanecía atrincherado como presidente del Club Deportivo Camioneros.
El repentino protagonismo del polémico dirigente inquieta a Hugo Moyano, su padre y secretario general del sindicato: ambos están peleados desde fines de 2021 tras fuertes discusiones por la crisis de la obra social de Camioneros y hasta ahora las tensiones entre ambos se pudieron disimular gracias al paso al costado de Pablo.
“Ya nadie oculta la pelea, pero se va a tener que definir: o Hugo echa a Pablo, o Pablo lo echa a Hugo”, advirtió un empresario del sector, preocupado porque por culpa del enfrentamiento entre padre e hijo hay negociaciones trabadas o conflictos que no se resuelven o que están condicionados por sobreactuaciones de los dirigentes.

En su agenda súbitamente tan cargada, el hijo mayor del líder sindical se reunió entre el 28 de enero y el 6 de febrero con Abel Furlán (UOM), Alejandro Gramajo (UTEP), su hermana Karina y Emiliano Addissi (ITF), dirigentes del Partido de la Costa, trabajadores de la empresa Nittida, delegados de las ramas de Aguas Gaseosas, Lácteos y de la empresa Cliba, y el ex delegado Gustavo Ferreyra (golpeado por el hugomoyanista Garnica), además de un encuentro en el gobierno porteño para resolver un conflicto de la Rama de Residuos Patológicos. Y a la mayoría de estos encuentros, sugestivamente, los hizo en su oficina, a la que no iba desde fines de 2024.
En estos vertiginosos días, incluso, Pablo Moyano encabezó este viernes una asamblea con más de 1.500 trabajadores de la planta Mega de Coca Cola, ubicada en Tapiales, La Matanza, y logró el respaldo para iniciar un paro por tiempo indeterminado por reclamos salariales y laborales, que finalmente duró menos de un día porque el Gobierno declaró la conciliación obligatoria.
“Estamos de paro y nos quedamos en la planta hasta que aparezca una respuesta”, advirtió el dirigente, que estuvo acompañado por el secretario Gremial de Camioneros, Marcelo Aparicio, un nombre que se hizo más conocido en los últimos meses porque los aliados de Hugo Moyano trataron de involucrarlo en la presunta estafa al hotel sindical de Mar del Plata (donde echaron a dos dirigentes cercanos a Pablo) y responsabilizarlo de que no se hayan pagado indemnizaciones a los trabajadores de recolección de residuos de CABA.

En los pasillos del sindicato nadie oculta que hay dos bandos enfrentados ferozmente: los leales a Hugo Moyano, como Octavio Argüello (cotitular de la CGT) y José “Teta” Garnica (secretario de la rama Recolección de residuos), y los alineados con Pablo Moyano, como Aparicio y Oscar “Chuky” Borda (secretario de la rama Logística). En este tablero, el líder sindical cuenta con el apoyo incondicional de su hijo menor, Jerónimo, a quien acaba de encumbrar como secretario Gremial de la Federación Nacional de Trabajadores Camioneros. Y el que está en el medio de la pelea, sin tomar partido por ninguno, es Hugo Antonio Moyano, el abogado del clan familiar y flamante diputado nacional por Fuerza Patria.
La disputa entre Hugo y Pablo comenzó cuando éste le reprochó a su papá que la crisis financiera de las obras sociales de Camioneros era responsabilidad de su esposa, Liliana Zulet, dueña de una empresa que se ocupa del gerenciamiento de esas entidades sindicales de salud.
Desde que discutieron a los gritos, en 2021, el hijo de Moyano estuvo meses sin concurrir a su oficina del sindicato para no cruzarse con su padre y dejó el ejercicio de la vicepresidencia del club Independiente, que encabezaba Hugo. Pero las primeras señales del enfrentamiento se registraron durante la cuarentena obligatoria: en 2020, con el viejo líder camionero recluido por temor a los contagios, Pablo tomó las riendas del sindicato, pero tuvo problemas.

Tensó tanto el conflicto con Mercado Libre al bloquear el centro de distribución de la empresa de Marcos Galperin en La Matanza, que el ministro de Trabajo, Claudio Moroni, tuvo que hablar con su papá para pedirle ayuda con el fin de intentar descomprimir la situación. La solución que eligió Hugo Moyano fue desplazar a Pablo de las negociaciones y dejarlas en manos de Aparicio.
Lo mismo sucedió en abril de 2021 cuando la intransigencia de Pablo puso en peligro 10.000 fuentes de trabajo al insistir en aplicar la llamada “ley Moyano” en el cambio de manos de los supermercados Walmart: la exigencia de echar, indemnizar y volver a contratar a 500 trabajadores fue rechazada por la empresa tras considerarla ilegal. En una reunión, Hugo Moyano se mostró conciliador, pero su hijo se retiró de la mesa de manera violenta y el empresario Francisco De Narváez dio por terminadas las charlas. Se llegó a un acuerdo recién cuando Pablo fue apartado de las negociaciones.
Pero las diferencias también se manifestaron en sus disímiles adhesiones políticas. Mientras Hugo Moyano apoyó fielmente a Alberto Fernández, Pablo se mostraba como un crítico de su gobierno, entre fotos con Máximo Kirchner y reuniones con Cristina Kirchner.

Ese mismo componente hizo empeorar la relación: cuando la ex vicepresidenta fue detenida por corrupción, en junio pasado, el líder de Camioneros piloteó en la CGT la resistencia a declarar un paro general como protesta, pero Pablo fue uno de los primeros en visitar a Cristina Kirchner en su prisión domiciliaria. Poco después, en una reunión de mesa chica de la CGT, Hugo Moyano dijo: “Como ustedes saben, alguien de mi familia visitó a Cristina. Imagínense cómo nos cayó. Pablo la fue a visitar y ni me llamó por el Día del Padre”.
En septiembre pasado volvió a hablar de su hijo mayor durante el Comité Central Confederal de la CGT, poco antes del congreso que eligió sus nuevas autoridades: “Uno de los secretarios generales se retiró de la CGT. Ustedes deben recordarlo. Yo lo recuerdo. Mi hijo Pablo. ¿Por qué? Porque tiene… tenía una forma poco… No digo violenta, pero un poco más dura porque no entendía que había cambiado esta sociedad y que había cambiado de otra manera». Así justificó haber elegido para sucederlo en el triunvirato a Octavio Argüello.
El enfrentamiento no se limitó a lo discursivo. Cuando la federación nacional eligió sus autoridades en diciembre de 2021, Hugo no ratificó a Pablo como su secretario adjunto y nombró a Jorge Taboada en ese cargo. Y tres años más tarde, cuando su hijo renunció a la CGT y dejó de ir al sindicato, Hugo fue desplazando a sus leales de la estructura gremial y, a la vez, empoderó a Argüello, Garnica y Jerónimo, pero eso no pacificó la interna.

El 17 de julio pasado, la interna se tradujo en un enfrentamiento callejero entre manifestantes que respondían a Hugo y a Pablo en la marcha por el Hospital Garrahan. Dicen que en las refriegas hubo un apuñalado y que dispararon contra la casa de uno de los cabecillas de los dos sectores que estaba alineado con Hugo Moyano.
El último cruce violento se dio en noviembre pasado, durante un partido de fútbol en el Club Argentino de Merlos, en el que miembros de las dos facciones protagonizaron una batalla campal que incluyó patadas en la cabeza a personas en el suelo y trompadas a granel.
Los que conocen la interna de Camioneros creen que si Pablo Moyano reapareció de esta manera es porque está dispuesto a pelearle el liderazgo a su padre. Pero en el sindicato habrá elecciones para renovar autoridades recién en el segundo semestre del año próximo ya que allí, pese a la pelea familiar, ambos fueron reelegidos en 2023. ¿Competirán Pablo y Aparicio contra Hugo Moyano?

Por ahora, sin mencionar a su padre y titular del sindicato, Pablo se muestra activo en los conflictos de Camioneros y sostiene una postura muy combativa contra la reforma laboral, mientras que Hugo, aunque cuestiona el proyecto, comparte la estrategia moderada de la CGT, que privilegia las negociaciones para hacerle cambios a la iniciativa antes de ir a una guerra frontal.
Y todavía puede haber cortocircuitos más fuertes cuando este mes comience a discutir las paritarias 2026: el líder del sindicato viene firmando acuerdos en sintonía con la pauta oficial y si mantiene esa posición seguramente chocará con la intransigencia de su reaparecido hijo.



